Buscar en el blog

domingo, 24 de octubre de 2021

Las ciudades invisibles de Daniel Quintero

Los poetas, como el argentino Daniel Quintero, que escriben todos los días, fluyen en sus vidas como si se tratara de un bote río abajo, canalizando sus vivencias y sus recuerdos a través de la escritura de sus versos.


Nota publicada en Relaciones, número 446, julio de 2021. 


Foto de Alejandro Montini


Daniel Veloso

 

Daniel Quintero pisa el acelerador y pasa a un auto. La tarde está fría y casi como todos los días, en Tierra del Fuego el cielo está nublado. Aquí y allá se divisan entre las nubes gruesas algunos listones de celeste pálido.

Abriéndose paso entre colinas cortadas al medio, la carretera avanza dando curvas largas, bordeada por montes de árboles cargados de líquenes, restos de lo que fuera el gran bosque austral que cubría la parte occidental de la isla que hoy, pertenece a Argentina. Tiempo atrás era la isla de los Selknam u Onas, una de las cuatro etnias que poblaron las islas y los canales australes. Fue por el humo de sus fogatas que los primeros exploradores europeos la llamaron Tierra del fuego.

Daniel conduce hacia a la ciudad de Río Grande, en la costa oriental de la isla, a orillas del Océano Atlántico, viniendo desde el sur, de Ushuaia, la ciudad del mítico penal del fin del mundo. Son doscientos kilómetros entre ambas ciudades. A su lado va su amigo, el poeta fueguino Julio José Leite. En Ushuaia Daniel Quintero vivió por ocho años, de 1987 a 1994. Allí, durante ese período, terminó de consolidarse como poeta.

Un cartel al costado de la ruta anuncia que a la derecha se abre un camino que conduce a la Bahía San Pablo. En ella, en 1985, el Desdémona, un barco de carga, fue encallado en la costa por su capitán, acosado por el viento y por un motor en mal estado. Daniel, a pesar de haber vivido en Tierra del Fuego, nunca pudo llegar hasta allí, pero sabe que la oportunidad se ha dado ese día y que no se repetirá. Le dice a su amigo si pueden desviarse e ir hasta la bahía. Julio lo mira. Son cuarenta y cinco kilómetros hasta la playa y le preocupa el estado del camino. Hace mucho frío como para que se les rompa el auto y queden varados en medio de un paraje deshabitado. Pero al “Perro” nunca ha sabido decirle que no y acepta. Daniel, contento como un niño que acaba de recibir un regalo, arrima el coche a la banquina y toma el camino hasta la bahía.

Foto de Daniel Quintero

Al acercarse a la costa el paisaje está menos transformado por el hombre y se asemeja más al que pudo conocer el joven Charles Darwin en 1832, durante su viaje alrededor del mundo a bordo del Beagle. Árboles que han crecido acostados por el viento continuo, montes cerrados de arbustos oscuros, el paisaje de largas ensenadas con barrancas y enfrente, el océano inmenso, crestado por doquier por la espuma de las olas. Tras cruzar un puente de madera llegan a la playa y allí el Desdémona, a salvo de los celos de Otelo, los espera.


La marea está subiendo y no pueden rodear al viejo barco, que resiste todavía a la corrosión. Los amigos están radiantes. Saben lo que significa esa reunión con el orgulloso naufragio. Son esas ceremonias que impone la amistad forjada a lo largo de los años. Es la visita al reloj oxidado del tiempo. Que, por supuesto, también está presente en la antigua costa, devastada como por un tallador por el viento y las corrientes, pero que, en una construcción humana como un navío abandonado en la orilla, la presencia del tiempo se hace más real. La prueba de su accionar, sobre el metal del casco del Desdémona, sobre sus cuerpos, es lo que notan los viejos amigos.

No sé si ambos lo presentirían, tal vez sí, pero uno de ellos, Julio Leite, moriría apenas tres años después de aquella visita a la Bahía San Pablo.


CEREBRO MÁGICO. Daniel Quintero, nacido en Buenos Aires en 1959, es uno de los poetas más actuales y vigentes de Argentina. En febrero de 2020 Quintero estuvo en Uruguay, participando del 2° Festival de Poesía de la Paloma, que reunió a poetas, músicos y escritores venidos de todas partes de Uruguay y de Argentina.

Poco después de su regreso a Buenos Aires le pregunté a Quintero si podía enviarle un cuestionario y hacerle una entrevista a distancia. Accedió, enviando las respuestas en forma de audios. En ellos se lo escucha contar con voz pausada y profunda, que de joven estuvo muy motivado por Pablo Neruda y su Canto General, y por Nicanor Parra y su libro Obra gruesa. “Por ahí mi pretensión frente a la poesía fue esa, no creo que sea un poeta social, para nada, pero sí contar lo que ocurre, en el tiempo en que me tocó vivir”, explica.


Leyendo en la Laguna de Rocha durante el 2° Festival de Poesía de la Paloma

Su infancia transcurrió en el barrio porteño de Parque Chas, cuyo trazado de calles en círculos concéntricos le ha dotado de una mitología urbana muy peculiar. En uno de sus poemas, El cerebro mágico, cuenta el momento en que, siendo un niño de siete años, supo que iba a ser poeta. “Cerebro mágico era un juego de mesa sobre cultura general que teníamos de niños y una de sus preguntas era: ¿Qué gran dramaturgo inglés tenía un padre carnicero? La respuesta era Shakespeare. Entonces, de mi elemental deducción de niño inquieto, me dije que si Shakespeare era poeta y el padre era carnicero, yo, que tengo un padre carnicero, voy a ser poeta, y así fue”, relata. A los trece años escribió su primer poema, al que considera horrendo y “al que nunca me escucharán leerlo”, dice bromeando. Más adelante, durante su juventud, publicará su primer poemario, Después de una larga noche (Amaru, 1986).

El centro del laberíntico Parque Chas

En 1987, con veintisiete años de edad, y en el contexto de un país que había recobrado la democracia hacía poco, se fue a vivir al extremo sur del continente sudamericano, a la ciudad de Ushuaia, en Tierra del Fuego, donde viviría por ocho años. En ese tiempo publicó con sus amigos varias antologías de poetas fueguinos y patagónicos. A su vez, participó de la antología El Extranjero y el hechizo en la ciudad de la bahía y junto al poeta Alejandro Montini, en Mensaje de náufragos. Ambos libros editados en Ushuaia en 1990. Tierra del Fuego también le obsequiará a Quintero el apodo de “Perro”.

En 1994 decide regresar a Buenos Aires, aunque no pasará mucho tiempo para que extrañe las tierras del sur y a su gente. Desde entonces, para aliviar la nostalgia y ver a sus amigos ha regresado a Tierra del Fuego en muchas oportunidades: “Siempre digo, esta es la última vez que vuelvo, pero bueno, siempre vuelvo”.

Ese período viviendo en el sur fue una bisagra en su vida: “allí asumo el oficio de poeta en el que hoy estoy involucrado, por compartir y caminar junto a grandes amigos y poetas que conocí en la Tierra del Fuego; gente que uno se fue cruzando y de la que se fue nutriendo como es el caso del tucumano Oscar Barrionuevo, de Manuel Zalazar y Julito José Leite, mi hermano, que ya lleva un año fallecido, un gran poeta de la Tierra del Fuego, de la Patagonia y de Argentina”.


El LABERINTO DEL PERRO. Además del apodo de “Perro”, a Quintero también se lo conoce por el “Oso”. El poeta se ríe, con resignación. Sabe que uno nunca elige los apodos que le ponen los amigos y que luego por costumbre, se solapa con el propio nombre hasta casi sustituirlo. “En Ushuaia me decían Oso y en Río Grande, Perro, porque un amigo tucumano con el cual todavía mantengo contacto, Miguel González, decía que, como porteño, arrastraba mucho las erres, entonces me decía: ¿Qué hacés, Perro?”. Cuenta que el sobrenombre de Oso se ha ido diluyendo, e incluso las personas que en Ushuaia le decían Oso, ahora le dicen Perro. Sin embargo, el apodo de Perro lo seguirá a Buenos Aires, llevado por su amigo Julio Leite: “En sus visitas desde Tierra del Fuego fue conociendo a mis amigos y es él quien instala acá, ese apodo para mí”, recuerda.

En Buenos Aires, en 1995, junto al poeta Oscar Barrionuevo funda la editorial Parque Chas Ediciones, con la que publica, en la colección El rey tuerto, a varios autores patagónicos, además de poetas de otras partes de Argentina. “Uno de los inconvenientes que teníamos viviendo tan lejos, en Tierra del Fuego, era la dificultad para editar. Siempre estaba en mí la inquietud de generar un espacio de edición para publicar trabajos de amigos y otros poetas, y trabajos propios, claro”. Con la editorial Parque Chas publicará su libro Del Dolor de los Espejos (1996) y Cementerio de Payasos (1997). Este último poemario, al igual que el siguiente que publicará, Crónicas fatales escritas desde la luna (1999), está inspirado en Las ciudades invisibles, de Ítalo Calvino, uno de los libros favoritos de Daniel Quintero. Cuenta que lo lleva en todos sus viajes y que siempre está releyéndolo.

Una de esas ciudades invisibles bien podría encontrarse en Parque Chas, su barrio de toda la vida. Quintero explica que “la particularidad que tiene el núcleo central de Parque Chas es que las calles son concéntricas. Hay una calle que es un círculo completo, que es Berlín y después tiene una serie de calles semicirculares, pasajes y diagonales”. Cuenta que es un barrio que “incluso con GPS, la gente se pierde con facilidad”. Hoy Daniel Quintero vive “a una cuadra y media de ese laberinto”, en la casa que antes fue de sus abuelos y de sus padres.

Sobre el barrio circulan curiosas leyendas. Algunas son construcciones populares y otras han sido inventadas por escritores como Alejandro Dolina, Jorge Luis Borges, Tomás Eloy Martínez, Luis Luchi o el misterioso Hernán Torrado. Leyendas como la que dice que bajo tierra pasa una extensión de una línea de metro que hizo construir en secreto Perón, que hay calles circulares que no conducen a ninguna parte, que hay manzanas que nunca pueden llegar a rodearse o de una ventana de una casa a la que está prohibido abrir. Hasta hay un cómic de título Parque Chas, con guión de Ricardo Barreiro y dibujos de Eduardo Risso, cuya primera entrega apareció en 1987 en el número 36 de la revista Fierro.




DEL JARDÍN A LA CIUDAD. En el año 2000 Quintero se muda a la localidad de Carlos Spegazzini, cerca del aeropuerto de Ezeiza. Allí se pondrá a construir una casa, tarea que le llevará su tiempo y que tendrá como consecuencia que se pasará diez años sin escribir poesía. Quintero le resta importancia: “además de las ganas de levantar una casa, tenía otras actividades como atender un parque con árboles y esas cosas del campo”. Cuenta que también estuvo muy implicado en el trabajo de publicar varios libros de otros poetas con su editorial. “En realidad no estaba dejando de escribir, sólo estaba tomando carrera”, dice, quitándole dramatismo a esa larga pausa en su escritura. Recuerda que en esa época le dijo a su amigo, el poeta tucumano Oscar Barrionuevo: “estoy escribiendo la poesía que voy a escribir dentro de diez años”.

Con Miguel Ángel Olivera “El Cristo”.

Luego de once años viviendo en el conurbano bonaerense se dio el tan ansiado regreso del poeta. Primero comenzaría a coordinar y a participar de ciclos poéticos y luego sí, a escribir y a publicar. Aparecerían en esta última década los poemarios Inusual (2013), Malhoja (2015), Cotillón (2015), 0 Killed (2016), Signos (2018) inspirado en El jardín de las delicias, la pintura de Hieronymus Bosch, El Bosco, y Pruebas de Galera (2018).

Este último libro lo comenzó a escribir en Uruguay, cuando participó del festival Fray Bentos, Capital de la Poesía. Cuenta que cómo no se le ocurrían los títulos de los poemas, pensó “en ponerles acápites sacados de poemas que me gustaban”. Entre las citas se encuentran fragmentos de poemas de Olga Orozco, Idea Vilariño, César Vallejo, Raquel Jaduszliwer, Oliverio Girondo, Magda Portal, Nicanor Parra o Miguel Ángel Olivera “El Cristo”, entre muchos otros. Hay también de músicos como Spinetta, Cazuza o Discépolo.

El poeta aclara que, en Pruebas de Galera, necesariamente el poema y la cita no tienen por qué corresponder: “En realidad, es como si hubiera hecho dos libros: están los acápites de diferentes autores y mi propuesta en cuanto a la poesía. Así que es como si fueran dos libros en uno”.


Daniel Quintero está pasando por un momento creativo muy importante, publicando poemas nuevos, casi a diario, en las redes sociales. En muchos el poeta expresa su opinión sobre temas actuales, de política argentina o de la región. De esa camada de nuevos poemas han salido los libros, aún inéditos, Memorias de la arena, el cual “surgió a partir de esta pandemia, de esta cuarentena que estamos viviendo” y New York, New York, cuadernos de poesía adquiridos en una venta de garaje, que incluye poemas escritos a partir de dos viajes que hizo a Estados Unidos en los últimos años.


Laura Valente y Daniel Quintero en Nueva York

Llega otro audio de Daniel Quintero, esta vez de despedida. En él se lo escucha agradecer la entrevista, “en cuarentena, a la distancia y de manera virtual”, envía un abrazo fraterno y se despide con una frase que es su sello, inconfundible: “Será poesía”.


Foto de Daniel Quintero




En El taller de Jar se encuentran las notas
 publicadas en El País Cultural, además de un índice.


Gracias por leer. 


Copyright ®  Daniel Veloso Mozzo 2021





martes, 12 de octubre de 2021

Historia de una amistad

 


Luce Fabbri y Margareth Rago


El País Cultural (versión digital)

Viernes 27 de junio de 2014


Biografía de una amistad


Daniel Veloso


MARGARETH RAGO es una historiadora brasileña de la Universidad Estadual de Campinas, San Pablo, que ha escrito varios libros inspirados en las ideas del filósofo francés Michel Foucault, en los que aborda temas como la historia de la prostitución en la ciudad de San Pablo, las mujeres anarquistas o el movimiento feminista. Rago es además la autora de la biografía de la pensadora italiana Luce Fabbri de Cressatti (1908 - 2000), titulado Entre la historia y la libertad: Luce Fabbri y el anarquismo contemporáneo, editada en 2002 por Editorial Nordan-Comunidad.

Luce Fabbri y su familia encontraron refugio en Uruguay en 1929, huyendo de la persecución del régimen fascista de Benito Mussolini. Su padre, Luigi Fabbri, quien murió en Montevideo en 1935, fue uno de los más importantes pensadores anarquistas de su época. En Uruguay Luce se dedicó a la docencia, llegando a ocupar la Cátedra de Literatura Italiana en la Universidad de la República. De incesante producción intelectual, publicó varios libros, dirigió la revista Studi Sociali de 1935 a 1945, escribió decenas de artículos y fue fundadora de la revista Opción Libertaria.

Para escribir su libro, la historiadora Margaret Rago frecuentó a Luce Fabbri durante cinco años. De esa convivencia no sólo surgió una historia de vida, lucha y sacrificio, sino también una gran amistad entre ambas mujeres.

ANARQUISTA Y MUJER. En Montevideo, en un bar de Comercio y Ocho de Octubre, cerca de la calle Rousseau, donde vivió por muchos años Luce Fabbri, pregunto a Margareth Rago cómo conoció a la pensadora italiana y porqué, como historiadora, eligió estudiar a las mujeres anarquistas. "La conocí en 1992", en Brasil, “en un evento que se llamaba 'Pensamiento libertario internacional', en la Pontificia Universidad Católica de San Pablo, una universidad con una historia de resistencia política muy fuerte a la dictadura militar. En ese evento había gente de Uruguay, Argentina, Francia, Italia, España y Estados Unidos”.

Fiesta de cumpleaños de Luce Fabbri, 25 de julio de 1998.

Rago había sido invitada a integrar una mesa redonda para hablar sobre las mujeres anarquistas. Relata que cuando estaba hablando, “entre el público estaba una señora de ochenta y cuatro años que asentía lo que yo iba diciendo. Era Luce Fabbri que me estaba escuchando, pero yo no lo sabía”. Cuando terminó la charla unos amigos le dijeron que esa señora era Luce Fabbri, de Uruguay. “Qué vergüenza que sentí”, recuerda. Se acercó hasta Luce y le dijo: “yo debería estar escuchándola y no al revés”. Le preguntó a Luce si podía escribir su biografía, a lo que la pensadora italiana contestó: “No, yo no soy importante”. Sin embargo Rago consiguió convencerla y a partir de 1995 viajó todos los años a Montevideo para trabajar en la biografía.

Luce Fabbri, en el centro de la fotografía, junto a unas amigas, en una visita al estado de Río Janeiro, Brasil, 1946.

Luce Fabbri en Mangaritiba, Río de Janeiro, enero de 1946.

La historiadora brasileña se quedaba en su casa: “así empezamos más que un trabajo científico una gran amistad; pero fueron necesarios muchos años ya que se necesita tiempo para hacer una biografía, porque las personas no te abren las puertas tan fácil. Simbólicamente yo llegué a su habitación en el cuarto año, al final del trabajo. Allí Luce abrió gavetas con cartas y descubrí que escribía poemas. Hacía años que la conocía y recién ahí me habló de su poesía. Creo que si me hubiera quedado más tiempo hubiera descubierto más cosas”, dice Rago.

Encuentro en el aeropuerto de San Pablo, en 1946, de Luce Fabbri con el anarquista brasileño Edgar Leuenroth. A la derecha de la fotografía se encuentra el anarquista y activista antifascista italiano Gino Bibbi.

FOUCAULT EN LA SANGRE. En su libro Entre la historia y la libertad cuenta la importancia que tuvo para ella descubrir al filósofo francés Michel Foucault a principios de los setenta y como ello le llevó a cambiar su mirada sobre la historia. Pregunto si el libro sobre Luce está basado en esas ideas y si está relacionado con la elección de escribir sobre ella también. “Sí, todos mis libros y también el de Luce”. En parte ello se debe a la gran influencia que tiene el filósofo en Brasil. “Los franceses no comprenden porque tiene tanto éxito en mi país”, dice. Explica que a comienzos de los setenta “había terminado de estudiar historia y me encontraba perdida, porque en esa disciplina tú trabajas con muchos documentos ¿Pero qué haces con ellos? ¿Cómo los organizas? ¿Cómo estructuras una narrativa?”. Entonces se decidió a estudiar filosofía en la Universidad de San Pablo.



“En ese momento encontré a Foucault; claro, no lo encontré en las clases, lo encontré entre los estudiantes, en algunos profesores, y de una manera marginal”. Foucault, que dio clases en Brasil en seis oportunidades, estaba empezando a ser conocido en ese país. “Nosotros lo descubrimos pero no sólo en Brasil, en todo el mundo, por su teoría del poder. Él decía que el poder no es algo que está allá y nosotros acá, sino que está diseminado por la sociedad. Por ejemplo, el Estado es posible porque las redes de poder, que están debajo, lo sustentan”, explica.


Para la historiadora, que empezaba a estudiar el anarquismo, fue fundamental, porque “el foco del anarquismo (lo que las nuevas generaciones olvidan) es la transformación cotidiana del poder; es la creencia de que es posible que entre las personas no haya poder”, afirma.¿Qué elementos teóricos tomó de Michel Foucault?: “Creo que nos dio las claves analíticas para pensar la cuestión del poder, pero también nos dio muchas otras, por ejemplo su concepción de la historia es muy diferente. Foucault cuestionó la idea de que se puede mirar el pasado como una línea recta y que es importante pensar la ruptura. La historia está hecha mucho más de ruptura que de continuidad”. La historiadora dice que el filósofo francés mostró “que tendríamos que ver a la antigüedad con otra mirada, porque no hay una continuidad con lo que somos”. Estos elementos, explica, “me parecieron una clave importante para leer la historia de Luce Fabbri”.

El escritor e historiador español Abel Paz y Luce Fabbri.

CRUCE DE CAMINOS. La historiadora comenzó su trabajo en 1995 y terminó en 2000 con la publicación del libro Entre la historia y la libertad. Tuvo la suerte de que casi todo el material bibliográfico estaba en poder de su biografiada. “En la casa de Luce había muchos libros y muchos textos para catalogar; fue un trabajo enorme, pero finalmente toda esa información está en el libro. Además tuve que transcribir cuatrocientas páginas de entrevistas”.

Margareth Rago y el anarquista uruguayo Ruben Prieto, en la casa de Luce Fabbri.

En su libro describe a Luce Fabbri como una mujer con una participación política constante. Pregunto si eso lo heredó de su padre y de Errico Malatesta, el pensador anarquista italiano que fue como un abuelo para ella. “Era muy apegada a su padre y como vivió en ese medio se volvió militante. También creo que la cuestión de la huida del fascismo reforzó los vínculos familiares y por otro lado las condiciones históricas empujaron a la familia hacia una resistencia más activa. A eso se sumó que Luce tenía una formación intelectual muy sólida. Ella había estudiado en los años veinte en la Universidad de Bolonia”, señala.

Marina, hija de Margareth Rago, junto a Luce Fabbri.

Margareth Rago sostiene que en la pensadora italiana ella encontró “una abuela y además una abuela italiana. Luce por su parte encontró a la nieta ideológica; fue un encuentro. Hay una palabra que define esto, "serendipity", que significa encuentro, conjunción de fuerzas que hacen un proceso creativo”.


Pregunto si piensa escribir algún libro más sobre Luce Fabbri: “No, no creo que tenga energía para escribir más; ya reuní todas sus obras, ya hice ese trabajo. Pero todavía se puede hacer mucho más; pienso que apenas empecé”, afirma. Agrega que Luce Fabbri “me transmitió una experiencia, una cultura, una práctica política y sus reflexiones. Pienso que otros tienen que continuar, porque para mí es un poco doloroso, porque fue una relación viva”, concluye la historiadora.




Agradezco especialmente a la profesora Margareth Rago por facilitarme fotografías de su archivo personal para ilustrar esta nota.


Algunas imágenes fueron obtenidas del sitio de la




Leer la versión larga de esta misma nota
Historia de una amistad - Luce Fabbri y Margareth Rago 
publicada en mayo de 2014 en la revista Relaciones.

La nota está publicada en el blog El taller de Jar.




Leer la nota publicada en el semanario Brecha
el 24 de agosto de 2001,
La última entrevista con Luce Fabbri
"El anarquismo es una afirmación de libertad"
escrita en coautoría con Tatiana Veljacic.

La nota también está publicada en el blog El taller de Jar.




 



En El taller de Jar se encuentran las notas
 publicadas en El País Cultural, además de un índice.


Gracias por leer. 


Copyright ®  Daniel Veloso Mozzo 2021




miércoles, 15 de septiembre de 2021

La hija de la arboleda perdida


Foto del autor.


Viernes 15.03.2013, Montevideo, Uruguay

El País Cultural

Con Aitana Alberti León

La hija de la arboleda perdida

  

 Daniel Veloso Mozzo 

HIJA DEL POETA español Rafael Alberti, una de las figuras más importantes de la Generación del 27, y de la escritora española María Teresa León, Aitana Alberti, también escritora y poeta, lleva consigo el recuerdo y la herencia de aquella parte de la España peregrina que encontró refugio en las costas del Plata. Casi cuarenta años permaneció el matrimonio Alberti en el exilio tras la caída de la República Española, gran parte del cual se desarrolló en Argentina, donde nació Aitana, en Buenos Aires, en 1941. Hija del exilio y de la república derrotada, también lo es de la libertad y de la paz que encontraron sus padres en el Río de la Plata. Desde muy pequeña visitó junto a su familia Uruguay, donde había una importante colonia de exiliados españoles. Durante los años cuarenta los Alberti construyeron una casa en Punta del Este, La Gallarda, que aún existe.

Aitana estuvo en octubre de 2012 en Uruguay invitada por la Intendencia Municipal de Montevideo y por el Centro Riojano. En su corta estadía dio una conferencia en la 35ª Feria Internacional del Libro sobre Pablo Picasso y la relación con sus padres; fue homenajeada por la Junta Departamental de Montevideo; dio conferencias en el Centro Cultural de España y en el Club Español, donde fue presentado un libro, en ese entonces aún inédito, escrito por Rogelio Martínez y Alicia Cagnasso, que narra la presencia de la familia Alberti en Uruguay. También tuvo tiempo para realizar una visita a la Fundación Nancy Bacelo y para viajar a Punta del Este, donde fue homenajeada por la alcaldía de esa ciudad. Después de un par de intentos, pude concretar una entrevista en el hall del hotel donde la escritora se hospedaba. 

REMONTANDO LOS RÍOS. 

 -¿Cuándo llegan sus padres a Argentina? 

-Ellos estaban exiliados en Francia (desde la derrota de la República en 1939), y llegan en marzo de 1940 a Buenos Aires en un barco que se llamaba El Mendoza, que creo fue el último mercante que cruzó el Atlántico rumbo a América. En alta mar tenían que apagar las luces porque había submarinos alemanes merodeando. 

-¿Su madre venía embarazada? 

-No, nazco en agosto de 1941, así que no. Ellos llegan el 3 de marzo de 1940. Pero fue bastante rápido. Hay una foto muy linda que salió en un periódico montevideano de esa época en la que aparece mi madre conmigo en brazos y parece que tengo tres meses. Fue la primera vez que vine a Uruguay. 

-¿En qué barrio vivían en Buenos Aires? 

-Al principio mis padres van a una casa que les presta la escritora Victoria Ocampo, en la calle Tucumán; luego que nací vivíamos en la calle Las Heras, cerca de Palermo, y luego vivimos en un edificio muy original, de planta triangular, en la calle Pueyrredón, a un costado de la Plaza Francia, desde donde mi padre Rafael podía ver el Río de la Plata. Hay una serie de poemas que se llaman justamente "El Mirador que mira al río", porque su estudio estaba justo en ese vértice, desde donde veía las grúas del puerto, el río y el horizonte. 

-En un poema suyo, Aitana, "La ronda del padre", habla de "una casa antigua/ sencilla…", en la que recuerda a su padre caminando desvelado por los pasillos: "Papá en las madrugadas convocaba a sus muertos". ¿Es esa su primera casa? 

-Sí, es la de Las Heras. Nos alquilaban la parte de abajo de la casita. En el fondo había un pequeño jardín y en él había una gran hiedra que cubría los muros, y había colibríes. Era muy vieja, y estaba bastante destartalada (sonríe), pero es la casa de mi infancia. 

-En esa casa su padre escribió La arboleda perdida, su libro de memorias. En la introducción al Libro Segundo, escrita en noviembre de 1954, cuando tenía cincuenta y un años, relata que la empezó a escribir en ese jardín.

-Sí, tenía un banco al fondo y había estrellas federales. Esa casa tenía mucho encanto. Mi madre había puesto en la sala, colgada en la pared, una red de pescadores que le regalaron cuando estuvimos en Chile, en el año 46. 


-¿De qué vivían cuando llegaron a Buenos Aires? 

-Vivían de dar conferencias. Mi madre, bastante rápido, empieza a trabajar en la radio y hace las "Charlas de María Teresa León". Escribió más de cien charlas. A mi padre, cuando yo tenía tres meses, lo contratan para dar conferencias en diferentes ciudades costeras del río Paraná. En el barco de pasajeros que remontaba el río escribió cartas a mi madre. Le entristecía haber tenido que dejar a mi madre conmigo tan pequeñita. "Tengo que ganar dinero para mi ternerita", dice en sus cartas. En dos de ellas está un poema que me dedica, que lo llama "Remontando los ríos". "Para ti niña Aitana/ remontando los ríos/ este ramo de agua/ de agua dulce, ramito/ que no de agua salada"(recita imitando la entonación de su padre), y efectivamente iba remontando el río Paraná. El que lo lee piensa que es una imagen poética, pero no, es verdad. 

-También viajó por el río Uruguay. 

-Sí; hay una segunda tanda de Cartas de los ríos, cuando después remonta el río Uruguay, en 1942. Estuvo en Salto y cuenta lo maravilloso de cómo lo recibieron en el litoral de Uruguay, al tiempo que critica la recepción en algunos lugares de Argentina durante su viaje anterior. 

-Su madre también escribía artículos en una revista dirigida al público femenino... 

-Mi madre escribió un libro rarísimo que se llama Nuestro hogar de cada día, donde están reunidos artículos aparecidos en la revista Mucho Gusto, que eran una cosa originalísima. Eran consejos para las amas de casa, con recetas de cocina, intercaladas de pronto con un soneto de un poeta clásico, o un poema de Pablo Neruda. A estas mujeres les inculcaba, en medio de toda esa cosa de lo cotidiano, el gusto por la literatura. 


LA INMENSA NOSTALGIA. 

-En Argentina ¿temían alguna represalia del gobierno de Franco? 

-No recuerdo; nunca oí hablar de eso. Ellos estaban tranquilos en Buenos Aires. 

-¿Y en Uruguay? 

-Tampoco, al contrario. Aquí tenían una sensación de seguridad, de tranquilidad enorme. Jamás tuvieron esos miedos. Porque mis padres al ser escritores no habían tenido una actividad netamente política. 

-¿En esos años viven una temporada cerca del río Paraná? 

-Bueno, no fue vivir. Unos amigos nos prestaban una quinta sobre el río Paraná, cerca de la ciudad de San Pedro. Fuimos dos veranos. Mi padre fue en el invierno, en alguna ocasión, más bien solo porque yo tenía que ir al colegio. Ahí escribió el libro, Baladas y canciones del Paraná, que me parece un libro maravilloso. Yo era una adolescente que empezaba a darse cuenta de lo que era la poesía y el arte. En la quinta no había luz eléctrica; era en un ambiente muy curioso, lindo y misterioso. Era una casa que tenía una leyenda, porque se había cometido un asesinato en la cocina. Un crimen pasional. La casa era de un mayor del ejército argentino que se había vuelto loco. 

-Los poemas de Baladas… muestran a Alberti como un hombre que padece el exilio. 

-Era un hombre... (suspira) de una gran sensibilidad, que vivía con intensidad sus historias interiores. En ese libro se refleja el campo argentino pero lo maravilloso es que a trasluz está España. Imágenes de la naturaleza de España, de aquellos lugares donde vivió de niño, como la costa de la bahía de Cádiz. Es un libro donde se mezcla el presente con el pasado, la nostalgia con lo actual, y lo hace de una forma melancólica y al mismo tiempo apasionada. Ese libro me conmueve porque yo fui parte de su escritura, presencié cómo se escribió y por primera vez tuve conciencia de él como poeta. Veíamos florecer una flor preciosa, en un cardón, entonces esa imagen se convertía en un poema y para mí eso era mágico. Algo tan sencillo como una flor que acababa de nacer inmediatamente se inmortalizaba a través de la palabra y de la escritura. En ese momento me di cuenta de lo gran poeta que era mi padre.

Libro de Alicia Cagnasso y Rogelio Martínez. En la imagen de la tapa, María Teresa, Aitana y Rafael, en la Gallarda.


RETORNOS DEL AMOR. 

-¿Llegaron a vivir en Punta del Este? 

-Fue ir y venir. No hubo una vida fija en Punta del Este porque yo tenía que ir al colegio en Buenos Aires. Era inevitable volver. Entonces pasábamos los veranos completos y a veces íbamos en las vacaciones de invierno. Mi padre en varias ocasiones fue solo a Punta del Este, porque mi madre se quedaba en Buenos Aires conmigo. 

La Gallarda. Foto del autor. Junio de 2017.

-¿Hasta qué año tuvieron La Gallarda? 

-Hasta 1951. Luego mis padres tuvieron que venderla, cuando Perón cerró la frontera y toda aquella situación política con Argentina, y mis padres no tenían medios para mantenerla. Fue una pena. ¡Lloré tanto cuando se vendió! Para mí fue trágica la venta de la casa. 

-Ese período aparece registrado en Poemas de Punta del Este y en Retornos de lo vivo lejano... 

Rafael Alberti frente al panel pintado de La Gallarda.

-Ese último poemario es una síntesis de toda una vida hasta ese momento. Mi padre había vuelto a Europa después de muchos años; ése es el punto de partida del libro. Sin embargo, a España no pudo entrar. En Retorno de los litorales españoles hace toda una reflexión sobre no poder entrar a España y ver sus costas. Es un libro de gran reflexión sobre el pasado y el presente donde ambos se mezclan. Los retornos son como la multiplicidad de las imágenes en el recuerdo, contrastadas en el presente. Tienen esa infinitud que las hace plurales. No es un retorno, son "los" retornos. Los múltiples. De determinados sentimientos, de determinados lugares, porque básicamente se habla de lugares, pero también de personas, como los Retornos de amor. 


-Que cuentan distintos episodios, por ejemplo, cuando fueron sorprendidos en Ibiza por el levantamiento nacionalista en 1936. 

-Sí, los Retornos de amor están dedicados a mi madre, salvo dos. Algunos son desgarradores, llenos de imágenes preciosas del pasado, donde se percibe el retorno y al mismo tiempo la despedida del amor, del esplendor del amor joven, porque él ya escribe en la mitad de su vida. Entonces es como un regreso de toda aquella belleza, de todo aquel amor tan intenso que vivieron ellos dos pero ya traspasado con el adiós. Esto regresa pero se está yendo. Retorna pero se está marchando. Porque ya no somos aquéllos y el tiempo ha pasado. A mí se me desgarra el corazón cuando leo esos poemas. Pensando en mi madre, que tuvo un final tan trágico. Murió de Alzheimer. 


PELIGRO PARA CAMINANTES. 

-¿Cuándo se van a vivir a Roma? 

-En 1963. Aún no había cumplido los 22 años. Nos fuimos los tres. 

-¿Cómo fue dejar Buenos Aires? 

-Tremendo. Estuve un tiempo muy desconcertada, aunque yo quería ir. Pero la verdad es que fue complicado. Fue un cambio muy brusco, además del idioma. 

-¿Cuáles son las razones para abandonar Argentina? 

-Fue por una situación desagradable ocurrida en 1962, luego del golpe de Estado a Arturo Frondizi, donde habían allanado el apartamento de Pueyrredón. Hubo una especie de gran redada destinada a detener a muchos intelectuales. Al que metieron preso, que lo encontraron en su casa, fue a Miguel Ángel Asturias, un escritor y periodista guatemalteco que estaba exiliado en Argentina. 

-¿Detuvieron a sus padres? 

-No. Dio la gran casualidad de que estaban en Castelar, en una casita de veraneo que teníamos que se llamaba "La arboleda perdida". Yo había vuelto porque tenía que ir a la universidad. Mi padre tiene un poema que se llama "El allanamiento", que trata de ese tema. 

Foto del autor.

-¿Estaba sola en el momento de la redada? 

-Sí. A las tres de la mañana me despierto con unos timbrazos y unos golpes en la puerta, una cosa siniestra. Abro la puerta y era el portero de piyama -nunca me voy a olvidar de su cara- con dos policías atrás, de uniforme. "Vienen a buscar a tus padres", me dijo. "Mis padres no están". "¿Dónde están?", preguntaron los policías. "¿Ustedes se imaginan que yo les voy a decir dónde están?". Registraron la casa de arriba abajo. Pasaban la mano por encima de las camas para ver si estaban calientes. Entonces me dijeron: "¿Dónde están los documentos? Porque ustedes estuvieron en Rusia hace poco". "No sé, ustedes sabrán más que yo", les dije. 

-¿Se llevaron algo que pudiera incriminar a sus padres?

 -No, porque el primer diálogo había sido a través de la puerta y, antes de que entraran, pensé: "¿Qué hay que pueda comprometer a mis padres en la casa?" Entonces dije: "Esperen que me vista, que me ponga alguna ropa." Me eché un vestido por encima y busqué la libreta de las direcciones en la que tenían teléfonos de amigos de todo el mundo. La hice pedazos y la tiré por la ventana (sonríe). 



-¿Qué le dijeron sus padres de eso? 

-Ellos nunca lo supieron. Entonces, cuando abrí la puerta empezó toda esta historia, y me preguntaron: "¿Ustedes tienen armas en esta casa?", y les dije: "Sólo los cuchillos de cocina. Si ustedes consideran que son armas...". Y me dijeron: "No te rías de nosotros". Se pusieron furiosos, porque les estaba tomando el pelo. Pero de una forma un poco inconsciente. Cuando se fueron empecé con un llanto horrible, incontrolable. Al otro día nos escondimos en la casa de unos amigos. Ese episodio fue determinante para que decidieran irse de Argentina. Además pensaron que en Europa estaban de alguna forma más cerca de España.

 -¿También pensaban que Franco iba a caer más pronto?

 -Sí, y que quizá podía haber un cambio, pero bueno, tardó un poco, porque del 63 al 75, que se murió Franco, son unos cuantos años. 

María Teresa León y Rafael Alberti en Roma.


-¿Cuánto vivieron en Roma? 

-Catorce años. Porque ellos no vuelven a España enseguida. Vuelven en el 77, con el retorno de la democracia. Yo ya vivía en España. Viví siete años en Roma y siete años en España. 

-¿La dejaron entrar en España? 

-Sí, a mí sí. Me fui en el año 70 a vivir a España, y volví a Roma para entrar con ellos en el avión, porque eso era histórico. Pero ya mi madre no estaba bien. Ella incluso no sabía si estaba regresando a España. Ya tenía confusión del lugar donde se encontraba. En Madrid decía para ir a un lugar que era de Roma. 

-¿Cuándo se va a vivir a La Habana? 

-En el año 1984. Ya sabía que me quedaba a vivir desde el primer día que pisé Cuba. Aunque hace un calor insoportable (sonríe), que es lo único que no me gusta de Cuba. Porque es demasiado fuerte y el clima muy húmedo, pero a pesar de todo lo domino. 

 —De su padre tiene la poesía, ¿y de su madre? 

—De mi madre tengo la prosa de mis cuentos. Ahora estoy concentrada en escribir en prosa, y voy a publicar un libro de cuentos dentro de poco. 

—¿Escribe en computadora? 

—La tecnología la manejo, pero hasta cierto punto; no muy brillante (dice riendo Aitana).


Rafael Alberti y María Teresa León el día de su regreso a España, el 27 de abril de 1977. Terminaba el largo exilio.


 



En El taller de Jar se encuentran las notas
 publicadas en El País Cultural, además de un índice.


Gracias por leer. 


Texto y fotografías indicadas: Copyright ®  Daniel Veloso Mozzo 2021