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martes, 12 de octubre de 2021

Historia de una amistad

 


Luce Fabbri y Margareth Rago


El País Cultural (versión digital)

Viernes 27 de junio de 2014


Biografía de una amistad


Daniel Veloso


MARGARETH RAGO es una historiadora brasileña de la Universidad Estadual de Campinas, San Pablo, que ha escrito varios libros inspirados en las ideas del filósofo francés Michel Foucault, en los que aborda temas como la historia de la prostitución en la ciudad de San Pablo, las mujeres anarquistas o el movimiento feminista. Rago es además la autora de la biografía de la pensadora italiana Luce Fabbri de Cressatti (1908 - 2000), titulado Entre la historia y la libertad: Luce Fabbri y el anarquismo contemporáneo, editada en 2002 por Editorial Nordan-Comunidad.

Luce Fabbri y su familia encontraron refugio en Uruguay en 1929, huyendo de la persecución del régimen fascista de Benito Mussolini. Su padre, Luigi Fabbri, quien murió en Montevideo en 1935, fue uno de los más importantes pensadores anarquistas de su época. En Uruguay Luce se dedicó a la docencia, llegando a ocupar la Cátedra de Literatura Italiana en la Universidad de la República. De incesante producción intelectual, publicó varios libros, dirigió la revista Studi Sociali de 1935 a 1945, escribió decenas de artículos y fue fundadora de la revista Opción Libertaria.

Para escribir su libro, la historiadora Margaret Rago frecuentó a Luce Fabbri durante cinco años. De esa convivencia no sólo surgió una historia de vida, lucha y sacrificio, sino también una gran amistad entre ambas mujeres.

ANARQUISTA Y MUJER. En Montevideo, en un bar de Comercio y Ocho de Octubre, cerca de la calle Rousseau, donde vivió por muchos años Luce Fabbri, pregunto a Margareth Rago cómo conoció a la pensadora italiana y porqué, como historiadora, eligió estudiar a las mujeres anarquistas. "La conocí en 1992", en Brasil, “en un evento que se llamaba 'Pensamiento libertario internacional', en la Pontificia Universidad Católica de San Pablo, una universidad con una historia de resistencia política muy fuerte a la dictadura militar. En ese evento había gente de Uruguay, Argentina, Francia, Italia, España y Estados Unidos”.

Fiesta de cumpleaños de Luce Fabbri, 25 de julio de 1998.

Rago había sido invitada a integrar una mesa redonda para hablar sobre las mujeres anarquistas. Relata que cuando estaba hablando, “entre el público estaba una señora de ochenta y cuatro años que asentía lo que yo iba diciendo. Era Luce Fabbri que me estaba escuchando, pero yo no lo sabía”. Cuando terminó la charla unos amigos le dijeron que esa señora era Luce Fabbri, de Uruguay. “Qué vergüenza que sentí”, recuerda. Se acercó hasta Luce y le dijo: “yo debería estar escuchándola y no al revés”. Le preguntó a Luce si podía escribir su biografía, a lo que la pensadora italiana contestó: “No, yo no soy importante”. Sin embargo Rago consiguió convencerla y a partir de 1995 viajó todos los años a Montevideo para trabajar en la biografía.

Luce Fabbri, en el centro de la fotografía, junto a unas amigas, en una visita al estado de Río Janeiro, Brasil, 1946.

Luce Fabbri en Mangaritiba, Río de Janeiro, enero de 1946.

La historiadora brasileña se quedaba en su casa: “así empezamos más que un trabajo científico una gran amistad; pero fueron necesarios muchos años ya que se necesita tiempo para hacer una biografía, porque las personas no te abren las puertas tan fácil. Simbólicamente yo llegué a su habitación en el cuarto año, al final del trabajo. Allí Luce abrió gavetas con cartas y descubrí que escribía poemas. Hacía años que la conocía y recién ahí me habló de su poesía. Creo que si me hubiera quedado más tiempo hubiera descubierto más cosas”, dice Rago.

Encuentro en el aeropuerto de San Pablo, en 1946, de Luce Fabbri con el anarquista brasileño Edgar Leuenroth. A la derecha de la fotografía se encuentra el anarquista y activista antifascista italiano Gino Bibbi.

FOUCAULT EN LA SANGRE. En su libro Entre la historia y la libertad cuenta la importancia que tuvo para ella descubrir al filósofo francés Michel Foucault a principios de los setenta y como ello le llevó a cambiar su mirada sobre la historia. Pregunto si el libro sobre Luce está basado en esas ideas y si está relacionado con la elección de escribir sobre ella también. “Sí, todos mis libros y también el de Luce”. En parte ello se debe a la gran influencia que tiene el filósofo en Brasil. “Los franceses no comprenden porque tiene tanto éxito en mi país”, dice. Explica que a comienzos de los setenta “había terminado de estudiar historia y me encontraba perdida, porque en esa disciplina tú trabajas con muchos documentos ¿Pero qué haces con ellos? ¿Cómo los organizas? ¿Cómo estructuras una narrativa?”. Entonces se decidió a estudiar filosofía en la Universidad de San Pablo.



“En ese momento encontré a Foucault; claro, no lo encontré en las clases, lo encontré entre los estudiantes, en algunos profesores, y de una manera marginal”. Foucault, que dio clases en Brasil en seis oportunidades, estaba empezando a ser conocido en ese país. “Nosotros lo descubrimos pero no sólo en Brasil, en todo el mundo, por su teoría del poder. Él decía que el poder no es algo que está allá y nosotros acá, sino que está diseminado por la sociedad. Por ejemplo, el Estado es posible porque las redes de poder, que están debajo, lo sustentan”, explica.


Para la historiadora, que empezaba a estudiar el anarquismo, fue fundamental, porque “el foco del anarquismo (lo que las nuevas generaciones olvidan) es la transformación cotidiana del poder; es la creencia de que es posible que entre las personas no haya poder”, afirma.¿Qué elementos teóricos tomó de Michel Foucault?: “Creo que nos dio las claves analíticas para pensar la cuestión del poder, pero también nos dio muchas otras, por ejemplo su concepción de la historia es muy diferente. Foucault cuestionó la idea de que se puede mirar el pasado como una línea recta y que es importante pensar la ruptura. La historia está hecha mucho más de ruptura que de continuidad”. La historiadora dice que el filósofo francés mostró “que tendríamos que ver a la antigüedad con otra mirada, porque no hay una continuidad con lo que somos”. Estos elementos, explica, “me parecieron una clave importante para leer la historia de Luce Fabbri”.

El escritor e historiador español Abel Paz y Luce Fabbri.

CRUCE DE CAMINOS. La historiadora comenzó su trabajo en 1995 y terminó en 2000 con la publicación del libro Entre la historia y la libertad. Tuvo la suerte de que casi todo el material bibliográfico estaba en poder de su biografiada. “En la casa de Luce había muchos libros y muchos textos para catalogar; fue un trabajo enorme, pero finalmente toda esa información está en el libro. Además tuve que transcribir cuatrocientas páginas de entrevistas”.

Margareth Rago y el anarquista uruguayo Ruben Prieto, en la casa de Luce Fabbri.

En su libro describe a Luce Fabbri como una mujer con una participación política constante. Pregunto si eso lo heredó de su padre y de Errico Malatesta, el pensador anarquista italiano que fue como un abuelo para ella. “Era muy apegada a su padre y como vivió en ese medio se volvió militante. También creo que la cuestión de la huida del fascismo reforzó los vínculos familiares y por otro lado las condiciones históricas empujaron a la familia hacia una resistencia más activa. A eso se sumó que Luce tenía una formación intelectual muy sólida. Ella había estudiado en los años veinte en la Universidad de Bolonia”, señala.

Marina, hija de Margareth Rago, junto a Luce Fabbri.

Margareth Rago sostiene que en la pensadora italiana ella encontró “una abuela y además una abuela italiana. Luce por su parte encontró a la nieta ideológica; fue un encuentro. Hay una palabra que define esto, "serendipity", que significa encuentro, conjunción de fuerzas que hacen un proceso creativo”.


Pregunto si piensa escribir algún libro más sobre Luce Fabbri: “No, no creo que tenga energía para escribir más; ya reuní todas sus obras, ya hice ese trabajo. Pero todavía se puede hacer mucho más; pienso que apenas empecé”, afirma. Agrega que Luce Fabbri “me transmitió una experiencia, una cultura, una práctica política y sus reflexiones. Pienso que otros tienen que continuar, porque para mí es un poco doloroso, porque fue una relación viva”, concluye la historiadora.




Agradezco especialmente a la profesora Margareth Rago por facilitarme fotografías de su archivo personal para ilustrar esta nota.


Algunas imágenes fueron obtenidas del sitio de la




Leer la versión larga de esta misma nota
Historia de una amistad - Luce Fabbri y Margareth Rago 
publicada en mayo de 2014 en la revista Relaciones.

La nota está publicada en el blog El taller de Jar.




Leer la nota publicada en el semanario Brecha
el 24 de agosto de 2001,
La última entrevista con Luce Fabbri
"El anarquismo es una afirmación de libertad"
escrita en coautoría con Tatiana Veljacic.

La nota también está publicada en el blog El taller de Jar.




 



En El taller de Jar se encuentran las notas
 publicadas en El País Cultural, además de un índice.


Gracias por leer. 


Copyright ®  Daniel Veloso Mozzo 2021




miércoles, 15 de septiembre de 2021

La hija de la arboleda perdida


Foto del autor.


Viernes 15.03.2013, Montevideo, Uruguay

El País Cultural

Con Aitana Alberti León

La hija de la arboleda perdida

  

 Daniel Veloso Mozzo 

HIJA DEL POETA español Rafael Alberti, una de las figuras más importantes de la Generación del 27, y de la escritora española María Teresa León, Aitana Alberti, también escritora y poeta, lleva consigo el recuerdo y la herencia de aquella parte de la España peregrina que encontró refugio en las costas del Plata. Casi cuarenta años permaneció el matrimonio Alberti en el exilio tras la caída de la República Española, gran parte del cual se desarrolló en Argentina, donde nació Aitana, en Buenos Aires, en 1941. Hija del exilio y de la república derrotada, también lo es de la libertad y de la paz que encontraron sus padres en el Río de la Plata. Desde muy pequeña visitó junto a su familia Uruguay, donde había una importante colonia de exiliados españoles. Durante los años cuarenta los Alberti construyeron una casa en Punta del Este, La Gallarda, que aún existe.

Aitana estuvo en octubre de 2012 en Uruguay invitada por la Intendencia Municipal de Montevideo y por el Centro Riojano. En su corta estadía dio una conferencia en la 35ª Feria Internacional del Libro sobre Pablo Picasso y la relación con sus padres; fue homenajeada por la Junta Departamental de Montevideo; dio conferencias en el Centro Cultural de España y en el Club Español, donde fue presentado un libro, en ese entonces aún inédito, escrito por Rogelio Martínez y Alicia Cagnasso, que narra la presencia de la familia Alberti en Uruguay. También tuvo tiempo para realizar una visita a la Fundación Nancy Bacelo y para viajar a Punta del Este, donde fue homenajeada por la alcaldía de esa ciudad. Después de un par de intentos, pude concretar una entrevista en el hall del hotel donde la escritora se hospedaba. 

REMONTANDO LOS RÍOS. 

 -¿Cuándo llegan sus padres a Argentina? 

-Ellos estaban exiliados en Francia (desde la derrota de la República en 1939), y llegan en marzo de 1940 a Buenos Aires en un barco que se llamaba El Mendoza, que creo fue el último mercante que cruzó el Atlántico rumbo a América. En alta mar tenían que apagar las luces porque había submarinos alemanes merodeando. 

-¿Su madre venía embarazada? 

-No, nazco en agosto de 1941, así que no. Ellos llegan el 3 de marzo de 1940. Pero fue bastante rápido. Hay una foto muy linda que salió en un periódico montevideano de esa época en la que aparece mi madre conmigo en brazos y parece que tengo tres meses. Fue la primera vez que vine a Uruguay. 

-¿En qué barrio vivían en Buenos Aires? 

-Al principio mis padres van a una casa que les presta la escritora Victoria Ocampo, en la calle Tucumán; luego que nací vivíamos en la calle Las Heras, cerca de Palermo, y luego vivimos en un edificio muy original, de planta triangular, en la calle Pueyrredón, a un costado de la Plaza Francia, desde donde mi padre Rafael podía ver el Río de la Plata. Hay una serie de poemas que se llaman justamente "El Mirador que mira al río", porque su estudio estaba justo en ese vértice, desde donde veía las grúas del puerto, el río y el horizonte. 

-En un poema suyo, Aitana, "La ronda del padre", habla de "una casa antigua/ sencilla…", en la que recuerda a su padre caminando desvelado por los pasillos: "Papá en las madrugadas convocaba a sus muertos". ¿Es esa su primera casa? 

-Sí, es la de Las Heras. Nos alquilaban la parte de abajo de la casita. En el fondo había un pequeño jardín y en él había una gran hiedra que cubría los muros, y había colibríes. Era muy vieja, y estaba bastante destartalada (sonríe), pero es la casa de mi infancia. 

-En esa casa su padre escribió La arboleda perdida, su libro de memorias. En la introducción al Libro Segundo, escrita en noviembre de 1954, cuando tenía cincuenta y un años, relata que la empezó a escribir en ese jardín.

-Sí, tenía un banco al fondo y había estrellas federales. Esa casa tenía mucho encanto. Mi madre había puesto en la sala, colgada en la pared, una red de pescadores que le regalaron cuando estuvimos en Chile, en el año 46. 


-¿De qué vivían cuando llegaron a Buenos Aires? 

-Vivían de dar conferencias. Mi madre, bastante rápido, empieza a trabajar en la radio y hace las "Charlas de María Teresa León". Escribió más de cien charlas. A mi padre, cuando yo tenía tres meses, lo contratan para dar conferencias en diferentes ciudades costeras del río Paraná. En el barco de pasajeros que remontaba el río escribió cartas a mi madre. Le entristecía haber tenido que dejar a mi madre conmigo tan pequeñita. "Tengo que ganar dinero para mi ternerita", dice en sus cartas. En dos de ellas está un poema que me dedica, que lo llama "Remontando los ríos". "Para ti niña Aitana/ remontando los ríos/ este ramo de agua/ de agua dulce, ramito/ que no de agua salada"(recita imitando la entonación de su padre), y efectivamente iba remontando el río Paraná. El que lo lee piensa que es una imagen poética, pero no, es verdad. 

-También viajó por el río Uruguay. 

-Sí; hay una segunda tanda de Cartas de los ríos, cuando después remonta el río Uruguay, en 1942. Estuvo en Salto y cuenta lo maravilloso de cómo lo recibieron en el litoral de Uruguay, al tiempo que critica la recepción en algunos lugares de Argentina durante su viaje anterior. 

-Su madre también escribía artículos en una revista dirigida al público femenino... 

-Mi madre escribió un libro rarísimo que se llama Nuestro hogar de cada día, donde están reunidos artículos aparecidos en la revista Mucho Gusto, que eran una cosa originalísima. Eran consejos para las amas de casa, con recetas de cocina, intercaladas de pronto con un soneto de un poeta clásico, o un poema de Pablo Neruda. A estas mujeres les inculcaba, en medio de toda esa cosa de lo cotidiano, el gusto por la literatura. 


LA INMENSA NOSTALGIA. 

-En Argentina ¿temían alguna represalia del gobierno de Franco? 

-No recuerdo; nunca oí hablar de eso. Ellos estaban tranquilos en Buenos Aires. 

-¿Y en Uruguay? 

-Tampoco, al contrario. Aquí tenían una sensación de seguridad, de tranquilidad enorme. Jamás tuvieron esos miedos. Porque mis padres al ser escritores no habían tenido una actividad netamente política. 

-¿En esos años viven una temporada cerca del río Paraná? 

-Bueno, no fue vivir. Unos amigos nos prestaban una quinta sobre el río Paraná, cerca de la ciudad de San Pedro. Fuimos dos veranos. Mi padre fue en el invierno, en alguna ocasión, más bien solo porque yo tenía que ir al colegio. Ahí escribió el libro, Baladas y canciones del Paraná, que me parece un libro maravilloso. Yo era una adolescente que empezaba a darse cuenta de lo que era la poesía y el arte. En la quinta no había luz eléctrica; era en un ambiente muy curioso, lindo y misterioso. Era una casa que tenía una leyenda, porque se había cometido un asesinato en la cocina. Un crimen pasional. La casa era de un mayor del ejército argentino que se había vuelto loco. 

-Los poemas de Baladas… muestran a Alberti como un hombre que padece el exilio. 

-Era un hombre... (suspira) de una gran sensibilidad, que vivía con intensidad sus historias interiores. En ese libro se refleja el campo argentino pero lo maravilloso es que a trasluz está España. Imágenes de la naturaleza de España, de aquellos lugares donde vivió de niño, como la costa de la bahía de Cádiz. Es un libro donde se mezcla el presente con el pasado, la nostalgia con lo actual, y lo hace de una forma melancólica y al mismo tiempo apasionada. Ese libro me conmueve porque yo fui parte de su escritura, presencié cómo se escribió y por primera vez tuve conciencia de él como poeta. Veíamos florecer una flor preciosa, en un cardón, entonces esa imagen se convertía en un poema y para mí eso era mágico. Algo tan sencillo como una flor que acababa de nacer inmediatamente se inmortalizaba a través de la palabra y de la escritura. En ese momento me di cuenta de lo gran poeta que era mi padre.

Libro de Alicia Cagnasso y Rogelio Martínez. En la imagen de la tapa, María Teresa, Aitana y Rafael, en la Gallarda.


RETORNOS DEL AMOR. 

-¿Llegaron a vivir en Punta del Este? 

-Fue ir y venir. No hubo una vida fija en Punta del Este porque yo tenía que ir al colegio en Buenos Aires. Era inevitable volver. Entonces pasábamos los veranos completos y a veces íbamos en las vacaciones de invierno. Mi padre en varias ocasiones fue solo a Punta del Este, porque mi madre se quedaba en Buenos Aires conmigo. 

La Gallarda. Foto del autor. Junio de 2017.

-¿Hasta qué año tuvieron La Gallarda? 

-Hasta 1951. Luego mis padres tuvieron que venderla, cuando Perón cerró la frontera y toda aquella situación política con Argentina, y mis padres no tenían medios para mantenerla. Fue una pena. ¡Lloré tanto cuando se vendió! Para mí fue trágica la venta de la casa. 

-Ese período aparece registrado en Poemas de Punta del Este y en Retornos de lo vivo lejano... 

Rafael Alberti frente al panel pintado de La Gallarda.

-Ese último poemario es una síntesis de toda una vida hasta ese momento. Mi padre había vuelto a Europa después de muchos años; ése es el punto de partida del libro. Sin embargo, a España no pudo entrar. En Retorno de los litorales españoles hace toda una reflexión sobre no poder entrar a España y ver sus costas. Es un libro de gran reflexión sobre el pasado y el presente donde ambos se mezclan. Los retornos son como la multiplicidad de las imágenes en el recuerdo, contrastadas en el presente. Tienen esa infinitud que las hace plurales. No es un retorno, son "los" retornos. Los múltiples. De determinados sentimientos, de determinados lugares, porque básicamente se habla de lugares, pero también de personas, como los Retornos de amor. 


-Que cuentan distintos episodios, por ejemplo, cuando fueron sorprendidos en Ibiza por el levantamiento nacionalista en 1936. 

-Sí, los Retornos de amor están dedicados a mi madre, salvo dos. Algunos son desgarradores, llenos de imágenes preciosas del pasado, donde se percibe el retorno y al mismo tiempo la despedida del amor, del esplendor del amor joven, porque él ya escribe en la mitad de su vida. Entonces es como un regreso de toda aquella belleza, de todo aquel amor tan intenso que vivieron ellos dos pero ya traspasado con el adiós. Esto regresa pero se está yendo. Retorna pero se está marchando. Porque ya no somos aquéllos y el tiempo ha pasado. A mí se me desgarra el corazón cuando leo esos poemas. Pensando en mi madre, que tuvo un final tan trágico. Murió de Alzheimer. 


PELIGRO PARA CAMINANTES. 

-¿Cuándo se van a vivir a Roma? 

-En 1963. Aún no había cumplido los 22 años. Nos fuimos los tres. 

-¿Cómo fue dejar Buenos Aires? 

-Tremendo. Estuve un tiempo muy desconcertada, aunque yo quería ir. Pero la verdad es que fue complicado. Fue un cambio muy brusco, además del idioma. 

-¿Cuáles son las razones para abandonar Argentina? 

-Fue por una situación desagradable ocurrida en 1962, luego del golpe de Estado a Arturo Frondizi, donde habían allanado el apartamento de Pueyrredón. Hubo una especie de gran redada destinada a detener a muchos intelectuales. Al que metieron preso, que lo encontraron en su casa, fue a Miguel Ángel Asturias, un escritor y periodista guatemalteco que estaba exiliado en Argentina. 

-¿Detuvieron a sus padres? 

-No. Dio la gran casualidad de que estaban en Castelar, en una casita de veraneo que teníamos que se llamaba "La arboleda perdida". Yo había vuelto porque tenía que ir a la universidad. Mi padre tiene un poema que se llama "El allanamiento", que trata de ese tema. 

Foto del autor.

-¿Estaba sola en el momento de la redada? 

-Sí. A las tres de la mañana me despierto con unos timbrazos y unos golpes en la puerta, una cosa siniestra. Abro la puerta y era el portero de piyama -nunca me voy a olvidar de su cara- con dos policías atrás, de uniforme. "Vienen a buscar a tus padres", me dijo. "Mis padres no están". "¿Dónde están?", preguntaron los policías. "¿Ustedes se imaginan que yo les voy a decir dónde están?". Registraron la casa de arriba abajo. Pasaban la mano por encima de las camas para ver si estaban calientes. Entonces me dijeron: "¿Dónde están los documentos? Porque ustedes estuvieron en Rusia hace poco". "No sé, ustedes sabrán más que yo", les dije. 

-¿Se llevaron algo que pudiera incriminar a sus padres?

 -No, porque el primer diálogo había sido a través de la puerta y, antes de que entraran, pensé: "¿Qué hay que pueda comprometer a mis padres en la casa?" Entonces dije: "Esperen que me vista, que me ponga alguna ropa." Me eché un vestido por encima y busqué la libreta de las direcciones en la que tenían teléfonos de amigos de todo el mundo. La hice pedazos y la tiré por la ventana (sonríe). 



-¿Qué le dijeron sus padres de eso? 

-Ellos nunca lo supieron. Entonces, cuando abrí la puerta empezó toda esta historia, y me preguntaron: "¿Ustedes tienen armas en esta casa?", y les dije: "Sólo los cuchillos de cocina. Si ustedes consideran que son armas...". Y me dijeron: "No te rías de nosotros". Se pusieron furiosos, porque les estaba tomando el pelo. Pero de una forma un poco inconsciente. Cuando se fueron empecé con un llanto horrible, incontrolable. Al otro día nos escondimos en la casa de unos amigos. Ese episodio fue determinante para que decidieran irse de Argentina. Además pensaron que en Europa estaban de alguna forma más cerca de España.

 -¿También pensaban que Franco iba a caer más pronto?

 -Sí, y que quizá podía haber un cambio, pero bueno, tardó un poco, porque del 63 al 75, que se murió Franco, son unos cuantos años. 

María Teresa León y Rafael Alberti en Roma.


-¿Cuánto vivieron en Roma? 

-Catorce años. Porque ellos no vuelven a España enseguida. Vuelven en el 77, con el retorno de la democracia. Yo ya vivía en España. Viví siete años en Roma y siete años en España. 

-¿La dejaron entrar en España? 

-Sí, a mí sí. Me fui en el año 70 a vivir a España, y volví a Roma para entrar con ellos en el avión, porque eso era histórico. Pero ya mi madre no estaba bien. Ella incluso no sabía si estaba regresando a España. Ya tenía confusión del lugar donde se encontraba. En Madrid decía para ir a un lugar que era de Roma. 

-¿Cuándo se va a vivir a La Habana? 

-En el año 1984. Ya sabía que me quedaba a vivir desde el primer día que pisé Cuba. Aunque hace un calor insoportable (sonríe), que es lo único que no me gusta de Cuba. Porque es demasiado fuerte y el clima muy húmedo, pero a pesar de todo lo domino. 

 —De su padre tiene la poesía, ¿y de su madre? 

—De mi madre tengo la prosa de mis cuentos. Ahora estoy concentrada en escribir en prosa, y voy a publicar un libro de cuentos dentro de poco. 

—¿Escribe en computadora? 

—La tecnología la manejo, pero hasta cierto punto; no muy brillante (dice riendo Aitana).


Rafael Alberti y María Teresa León el día de su regreso a España, el 27 de abril de 1977. Terminaba el largo exilio.


 



En El taller de Jar se encuentran las notas
 publicadas en El País Cultural, además de un índice.


Gracias por leer. 


Texto y fotografías indicadas: Copyright ®  Daniel Veloso Mozzo 2021


 

sábado, 2 de mayo de 2020

Recordando a Rolando Faget






Este sobre, adornado con sellos, me lo obsequió Rolando Faget. Él acostumbraba hacer este tipo de arte postal. Los versos son de un poema mío, de principios de los noventa.



El fragmento que sigue, es inédito. Por su extensión quedó fuera de la nota que presenté al diario. La escribí también en 2013 y sirve como introducción a la nota. Gracias por leer.



NO TE RINDAS. A Rolando Faget lo entrevisté un par de veces entre mayo y junio de 1994, cuando comenzaba a escribir mis primeras notas. Antes de estas entrevistas recuerdo, entre las brumas de la memoria, un encuentro en un bar que ya no existe, El Quijote, en Boulevard España, no lejos de su casa en el barrio Punta Carretas. Era un bar de esos donde el amarillo domina en las mesas y las paredes, pero en el que Faget se sentía a gusto. Ahí hablamos de poesía.
A mis veintitrés años estaba en esa época de incertidumbre tan típica al inicio de la juventud. Rolando lo sabía e intentó darme ánimos con su gran voz de locutor de radio. Por ejemplo, me preguntó la fecha de mi nacimiento. Entonces se puso a hacer cuentas en una servilleta. “Tu número es el seis”, me dijo. Luego me contaría que durante sus años de exilio en Barcelona tiraría las cartas del tarot en un bar.
Recuerdo también que quedó pensativo y me preguntó si sabía qué era una ergástula. También escribió la palabra en una servilleta, que aún conservo. Me dijo que era algo así como una mazmorra y que la había leído en un texto de Jorge Luis Borges. Luego encontré que éste la usa en el poema “Para una versión del I Ching”. Tal vez Faget, en ese instante, estaba recordando estos versos: 

“No te arredres
la ergástula es oscura
la firme trama de incesante hierro
pero en algún recodo de tu encierro
puede haber una luz, una hendidura…”.
 
Al rato terminamos el café y salimos. Me acuerdo que Rolando no caminaba bien. Un amigo de él me dijo hace poco que tenía pie plano, pero en ese momento me llamó la atención que cojeara a pesar de tener cincuenta y pocos años. Me preocupó la lentitud con que atravesó Boulevard.
Un poco después de esta charla, el 14 de mayo, le hice la primera entrevista en su casa. Los días siguientes escribí, con una máquina de escribir Olympia que me prestaban en la cooperativa de vivienda donde vivía, la entrevista que titulé “Poeta de tres ciudades”. El cariño que Faget tenía por Montevideo, Salto y Barcelona fue una de las cosas que más me impresionó de aquella entrevista. 





 

Pero los comienzos son difíciles y la nota no pasó la prueba de fuego que era la lectura de Homero Alsina Thevenet (1922 - 2005), quien fuera el director de El País Cultural durante diecisiete años. “Usted es inteligente”, me dijo Homero, dándome a entender que tal como estaba la nota no podía ser publicada, y que podía hacerla mejor. No tenía la puerta cerrada al Cultural y tendría que intentarlo más adelante.
En junio de aquel año volví a visitar a Faget en su casa con la esperanza de conseguir mejorar la nota. Recuerdo que llevé una grabadora de casete que tenía la costumbre de detenerse de improviso. Por fortuna Rolando me alertaba cuando la luz roja de la grabadora se apagaba. Avatares de aquella vieja tecnología.

Sin embargo, por más que lo volví a intentar, no conseguí publicar la nota.

Años más tarde me encontré con Rolando en la calle Tristán Narvaja, cerca de su trabajo, pero no pudimos charlar mucho rato.

Pasó el tiempo y le perdí el rastro, hasta que una noche de 2012 en un bar de Ciudadela, Pablo Silva Olazábal, un amigo en común, me contaría que Faget había fallecido en 2009. Quedé perplejo; hacía años que estaba por llamarlo para saludarlo. Ya era tarde, pero tal vez no para intentar publicar aquella nota de juventud. Entonces, allí en el bar le conté a Pablo Silva que tenía las grabaciones de las dos entrevistas que había tenido con Rolando Faget. Silva me contó que al año siguiente, en junio de 2013, se iba a hacer un homenaje a Rolando en la Biblioteca Nacional y que además su programa radial “La máquina de pensar” participaría con programas dedicados al poeta. Cuando se acercó la fecha del homenaje, Pablo Silva me invitó a su programa para conversar sobre la entrevista con Faget.
Así fue que fragmentos de aquellas entrevistas de 1994 salieron al aire, y unos meses más tarde, la nota fue publicada en el Cultural.
La “fuerza cósmica” en la que Faget tanto creía, consiguió que una vez más volviera a escuchar a aquella voz grave diciéndome: “la poesía es todo, loco”.








El País Cultural
Viernes 15.11.2013
Montevideo, Uruguay.



Recuerdo de Rolando Faget (1941-2009)



La poesía es todo




Daniel Veloso

Rolando Faget fue poeta, escritor, periodista, locutor y editor. Nacido en 1941 en Montevideo, su historia como poeta comienza de muy joven en la década del sesenta, logrando publicar su primer libro, Poemas de río marrón, en 1971.
Durante la dictadura fundó, junto a Laura Oreggioni y Mercedes Ramírez, Ediciones de la Balanza, que de 1975 a 1979 publicó con muy pocos recursos quince libros de poesía. A fines de ese período, Rolando Faget se trasladó a Salto, donde dirigió la programación de Radio Tabaré. Allí realizó una intensa actividad de difusión de la música popular uruguaya. A partir de 1981 debió vivir en el exilio en España. A su regreso a Uruguay tras la vuelta de la democracia militó en el movimiento Pregón de la Dra. Alba Roballo (1909-1996) como secretario de prensa.






Publicó más de una decena de libros de poesía en Uruguay y España y su poesía aparece en antologías y en revistas literarias latinoamericanas y europeas. La crítica señalaría a los poetas Humberto Megget y Líber Falco como sus predecesores.
Amigos como el poeta Héctor Rosales lo describen como "despreocupado por el mundo material", y otros como el escritor Miguel Motta destacan su generosidad y valentía en momentos difíciles. También rescatan que siempre tendió su mano a cuanto creador nuevo conoció. Ediciones de la Balanza es una prueba, donde muchos escritores y poetas publicaron sus primeros libros. En ella aparecen nombres como Rafael Courtoisie, Tatiana Oroño, Julio Chapper, Hugo Giovanetti Viola y Hugo Fontana, entre otros.








POETA DE TRES CIUDADES.  A Faget lo entrevisté un par de veces entre mayo y junio de 1994 cuando comenzaba a escribir mis primeras notas. Una tarde de mediados de mayo de 1994 nos encontramos en su casa de Punta Carretas. Como siempre, su humor era muy bueno. Trajo café y comenzamos hablando despacio, como ejercitándonos para la entrevista. Le pregunté sobre Poemas de río marrón. "Fue escrito durante la pre dictadura. Montevideo era una ciudad muy triste. Siempre fue entrañable, pero gris y en aquellos momentos era gris, marrón y roja. Faltaba la vida, la paz, y los inviernos parecían más crudos".

Le gustaba Montevideo, pero mucho más Salto. "Soy un hombre de dos ciudades", decía. Admiraba a aquella ciudad y siempre que podía la mencionaba. "Es muy hermosa Salto, viví muchos años allí. Te diré que soy muy montevideano y muy salteño. Soy un enamorado del río de Salto y quiero al río Uruguay como se puede querer a una mujer. Para mí el Río de la Plata es el río, y al Uruguay lo llamo la río; es algo muy femenino. ¿Más azúcar?", bromeó señalando mi taza de café.
Pregunté si había un estereotipo de poeta. "No, mucha gente muere de amor y ni siquiera poetiza. La gente que escribe poesía tiene que ser muy esperanzada y creer mucho en la vida para escribir y seguir escribiendo. Creo que en el fondo los poetas, aunque parezcamos trágicos en algunos poemas, somos muy optimistas; si no, no escribiríamos. Amamos mucho la vida".






Durante una pausa me observó jugar con el pocillo y preguntó si sabía leer la borra del café. Se levantó risueño prometiendo traer más. A su regreso le pregunté sobre sus años de exilio. "Fue un poco al final de la dictadura. Me aconsejaron que me fuera, pero yo estuve medio astuto; en lugar de irme de Uruguay me fui a Salto. Estuve tres años. Fue una manera de alejarme. Después sí me fui a España, no hubo más remedio".
Pregunté cómo fue su vida en Barcelona. "Bien, yo amo a Cataluña, tengo ancestros catalanes. Me encontré con mis ancestros, en el aire, en el ambiente". Hablamos después sobre qué parte de su obra escribió en Barcelona. "Escribí muchísimo en España; inclusive un libro en catalán que se llama Paraula encesa [1989], que quiere decir palabra encendida, y tuvo tres ediciones. Escribí otro libro que se publicó acá, que se llama Conocer luego [1987] y también escribí algunos poemas de Carta de ríos [1993]."
Curioso, pregunté de qué trabajó en Barcelona: "Hice de todo, traduje del francés al castellano; trabajé en publicidad y en un bar barcelonés tirando las cartas del tarot".




LA NOCHE MÁS FUERTE. La segunda entrevista a Rolando Faget la hice un 24 de junio de 1994. Pulso play en la grabadora y me escucho preguntar qué fecha era ese día. Faget contestó: "Hoy es 24, la noche más fuerte del año, la noche del solsticio de invierno en el sur y de verano en el norte, cuando la fuerza cósmica es impresionante". No muy convencido, según rescato por mi voz, y tras discutir el origen de tan antigua celebración, le pregunté sobre qué es lo que quería que el lector obtuviera de su poesía. "Quiero que compartamos alguna luz, algún diálogo positivo. Que nos bañemos en el mismo río, en la misma agua. Que compartamos un pedazo de camino, siempre para adelante, con mucha comunicación, sensible, intuitiva". En esa noche fría había conseguido que dijera lo que pensaba. Le pregunté sobre el papel de la poesía en la comunicación. "La poesía es todo, loco. La poesía está en el corazón de la gente. No tenemos que manejarnos con razonamientos, tenemos que manejarnos de una manera amorosa y mágica y la poesía es el único vehículo para eso". Agregó que en la comunicación debe encontrarse la poesía, "y si no, es mala comunicación, como la de la televisión".


Opiné que se entendía a la poesía como "algo blando", que no tenía lugar en la medios masivos. Faget abrió los ojos y con su gran vozarrón exclamó: "Ah, la poesía es durísima. Son golpes, son bastonazos de ciego. Los ciegos no son bobos". Como una locomotora, siguió: "No, la poesía es terrible, la poesía es feroz. La poesía es como el amor, que puede ser muy feroz". Opiné que además se sabe defender. Irguiéndose sobre su asiento, respondió: "Seguro, y con una fuerza y con una violencia, y con odio, con dientes, con todo lo que haya que tener".





Conociendo sus años vividos en el norte del país, le pregunté sobre qué opinaba sobre la poesía que se escribía en el Interior. "Para mí el país no es tanto Montevideo; para mí el país es Salto, es Melo, es Río Branco. Ahí la poesía está mucho más viva que acá. Hay una raíz, una memoria de la sangre, una sensibilidad incomparable con la de Montevideo. Gente mucho más sensible, mucho más receptiva. Lo que es Melo, por ejemplo", decía Faget estirando las palabras con vehemencia. "Tú estuviste en Melo; lo que es Salto con ese río. Qué misterioso Río Branco con ese casco antiguo, con ese otro río, el dulcísimo río Yaguarón. La poesía está vivísima allá". Como con condescendencia, agregó: "Mirá, Montevideo es un poco más difícil pero no es imposible. Si la poesía fuera imposible el mundo no tendría destino. No interesaría el porvenir, el futuro del mundo. Si la poesía no tuviera destino sería todo como un campeonato mundial de fútbol, sería como Tinelli". Y continuó, misterioso: "El mundo es otra cosa; es lo que se viene".

Se había hecho tarde y la entrevista llegaba a su fin. Con mis veintitrés años pregunté, lleno de incertidumbre, a ese hombre de barba, lentes gruesos y voz retumbante, si había algún tipo de futuro para el mundo. "No sé cuáles son las soluciones. No sé, pensar con el corazón. Sería todo tan simple; tendría que ser todo a través del amor que es la ley de oro, y si no es posible hay que insistir. Si no, la vida no tiene sentido".
Antes de despedirnos me dijo: "Ah, poné que la nota fue hecha en Salto. Es que tengo muchas ganas de estar allá".






En setiembre de 1994 Rolando me ayudó a enviar por correo un sobre con poemas como parte de la inscripción a un festival de arte en Porto Alegre (al que finalmente conseguiría ir en octubre de ese año). El día que le llevé los poemas a su casa estuvimos hablando y le conté que andaba triste porque tenía una novia en Brasil, en Porto Alegre, y no podía verla. Entonces él me ofreció su teléfono para que la llamara. Después de que hablé con Vivian quedé tan contento y feliz, que Rolando, atento, decidió sacarme una foto, y para ello me prestó su famosa bufanda roja para que posara como todo un poeta.






A través de los siguientes enlaces se puede oír el audio que el programa radial "La Máquina de Pensar" le dedicó a Rolando Faget el 13 de junio de 2013, y al cual fui invitado para contar la historia de esta entrevista. Durante el programa se pasó un fragmento de la misma. En ese momento, junio de 2013, la entrevista todavía estaba inédita, pero saldría publicada en noviembre de ese mismo año.

La Máquina de Pensar es conducido por Pablo Silva Olazábal y se emite de lunes a viernes de 19 a 20 horas por Radio Uruguay, desde el 15 de Marzo de 2010.


Ir a la página de La máquina de pensar...

Oír la entrevista en Youtube...






Obra poética de Rolando Faget:

“Poemas del río marrón” (1971 y 1977)

“Un sol otras mañanas” (1975)

“El muro de los descansos” (1976)

“No hay luz sin consecuencias” (1977)

“La casa está habitada” (1978)

“A Juan León Zorrilla” (1978)

“En el nombre del trigo” (1980 y Barcelona, 1985)

“Compañera Alba” (1987)

“Conocer luego” (1987)

“Paraula encesa” (Barcelona, 1989 y 1990)

“Carta de ríos” (1993)

“Nota general de plantas” (1994)

“Poesía reciente” (Barcelona, 1994, 1995 y 1996).

Nadie dude el lucero / Rolando Faget (México, 2009; Montevideo, 2015, 2.ª ed. ampliada).












En el Taller de Jar se encuentra el índice de las notas publicadas en El País Cultural.



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