Buscar en el blog

Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de septiembre de 2026

Una visita a Elvio Gandolfo



Nota publicada en Relaciones, en el número 483 de agosto de 2024.


Salí disparado del trabajo. Había quedado con el escritor Elvio Gandolfo que pasaría por su casa a las seis de la tarde. Siempre había imaginado su apartamento lleno de libros y quería conocerlo, pero, sobre todo, quería charlar con él en su propio ambiente. Aunque no estaba muy convencido de que era una buena idea porque presentía que Elvio no era muy afecto a las visitas. “¡Qué gruñón que se pone a veces!”, pensé mientras caminaba hacia la parada. Veía ese encuentro como una última oportunidad para desarrollar un vínculo amistoso con él. Si me volvía a pasar como la vez anterior, cuando nos habíamos encontrado en un bar, simplemente me dejaría de molestar y no intentaría verlo más. Igual, entendía que esa noche había estado muy callado porque hacía poco lo habían despedido del diario y estaba triste y bastante enojado. Así que, con esas precauciones, me tomé un ómnibus hasta Dieciocho y Minas. Saqué unos pesos del cajero automático por si íbamos al bar y, pensando en comerme una figazza con mucha cebolla, encaré el camino de las librerías, Tristán Narvaja abajo.


Los plátanos de la calle explotaban de hojas verdes, agitadas por una brisa fresca que soplaba del suroeste. Paré en un puesto en la vereda a mirar libros usados. Estaban en muy mal estado. Daba lástima verlos. Eran sus últimos días, con sus tapas rotas y sueltas. Tantas décadas durmiendo en una biblioteca y ahora, exhibidos en un cajón, expuestos al manoseo, a la intemperie, pedían a gritos que los llevaran. Inútil, pensé, ya no queda nadie que quiera leerlos.


Libros en oferta en Tristán Narvaja, casi 18 de Julio. Agosto de 2026.
Foto: Daniel Veloso.

El ruido del bar de al lado me hizo recordar la hora. Menos veinte. Seguí con paso rápido calle abajo y frente a la facultad de Psicología vi el cartel maldito: “Liquidación”. Mecánicamente entré a la librería. Había perdido tiempo revisando aquellos libros y acá había mejores, me dije. Pero fue un fiasco en realidad. Pasaba como frenético libro tras libro en las bateas, pero eran todos horribles, hasta que apareció algo: “Carnaval”, de Felipe Polleri. Bien, dije, porque nunca había leído nada de él. Además, a Polleri, que es muy amigo de Elvio Gandolfo, lo conocía de la redacción del Cultural. Era una fija encontrarlo allí los viernes, al igual que al escritor Hugo Fontana. También a Felipe Polleri me lo encontraba cada tanto, cuando viví en el Centro, en la calle Maldonado. 


Felipe Polleri, Mario Sagradini, Elvio Gandolfo y Mingo Ferreira
 en la sala Mtro. Julio Castro de la Biblioteca Nacional.
Foto: Panta Astiazarán, diciembre de 2013.

Una de esas veces, fue después de un baldazo de agua que cayó una tarde de primavera; terrible chaparrón que inundó las calles. Volvía para casa de mi trabajo en la Ciudad Vieja y cuando llegué a Ciudadela no pude cruzar. Por la calle bajaba un río que se embalsaba frente al bar Santa Catalina y a Plaza España. Crucé como pude dando saltos, pero al llegar a Canelones el torrente que corría pegado a los cordones intimidaba. Busqué con la mirada más arriba en la loma un lugar para atravesar la correntada y vi que allí se encontraba Felipe Polleri. Me acerqué y lo saludé. Estaba como siempre, sonriente, irreal, barbudo, con sus uñas largas, los dientes amarillos por el tabaco. Le causaba gracia nuestra desventura. 


La esquina de Canelones y Ciudadela (se ve el bar Santa Catalina) a una cuadra de la rambla. Por la bajada de Canelones corría el torrente que inundaba toda la calle. Foto: Daniel Veloso, agosto de 2026.

Muy terco, me contó que pensaba cruzar sí o sí, porque quería comprarse en la panadería de enfrente “unos pancitos” que le gustaban mucho. Traté de convencerlo de que viniera conmigo, calle arriba, a buscar algo así como un vado. Me agradeció que le haya querido servir de guía, pero no. Se quedaría allí, hasta que tomara coraje de meterse en el agua hasta los tobillos o hasta que bajara el nivel del agua. Pero conseguiría sus pancitos. Algo preocupado, me despedí y lo dejé a un lado de aquella riada. Pero nada grave le debió pasar porque lo volví a ver tiempo después, en la esquina del diario, después de cobrar nuestros magros sueldos de colaboradores y de dar rienda suelta a nuestras quejas como escritores explotados y mal pagos.

Nervioso, porque faltaban diez minutos para las seis de la tarde, compré el libro y metí pata en la subida de Tristán. Al llegar al puente sobre la calle Galicia vi pasar un ómnibus interdepartamental, rugiendo allá abajo, por la estrecha y encajonada calle, por donde hace un siglo iba el tren que llevaba a los “burreros” al hipódromo de Maroñas. Ya en Fernández Crespo, seguí un trecho más y ya estaba en la puerta del edificio donde vive Elvio. Toqué timbre y un instante más tarde estaba él abriéndome la puerta del edificio. Lo saludé y me preguntó muy serio: “¿Qué querés hacer? ¿Subimos o vamos al bar?”. Le respondí con una frase ya ensayada, de que hiciera lo que él quisiera. Dijo algo así como que bueno, que subiéramos, y me hizo un gesto de que lo siguiera hasta el ascensor.


Elvio Gandolfo ríe durante una entrevista que le hiciera Pablo Silva Olazábal
 en su programa La máquina de pensar, el 25 de febrero de 2016.
Foto: Daniel Veloso.

Siempre es chocante cuando vemos por fin un lugar que habíamos imaginado. El apartamento de Elvio es bastante grande y creo que está dispuesto en forma de letra ele. O sea, los cuartos se encuentran a un lado de un largo corredor que desemboca en el living. Al entrar en este, había una mesita de patas largas con un grueso libro sobre cine con un pícaro rostro femenino, en blanco y negro que, seguro, hacía de guardián de la casa-biblioteca. Contra las paredes, ahí sí estaban los estantes repletos de libros de colores. Pero yo ni pensaba acercarme. Había decidido ir a charlar y de esa charla, si podía, armaría un texto.

A Elvio lo conocía ya hace muchos años, de cuando fui por primera vez al Cultural, allá en un edificio que da a la Plaza Libertad, en pleno centro de Montevideo. De esos años, 1995 o por ahí, en que presenté con poca fortuna mis primeras notas a la redacción, tengo pocos recuerdos de él. Estos aparecen a partir de mi segundo intento de publicar en el suplemento, en 2001, donde ahí sí, me fueron aceptados varios artículos. Mi primer contacto con Gandolfo fue desastroso. Me acerqué a su escritorio, que estaba en un rincón con una amplia ventana que daba a la plaza y le pregunté de qué cuadro de fútbol era en Rosario.

—De Newell’s— me dijo, seco.

—Ah, yo soy de Rosario Central— le dije, con ingenuidad.

Su rostro cambió y entre dientes me lanzó: —¡Peor para vos!—.

Se me pararon los pelos de punta. ¡Qué metida de pata! No había imaginado que hubiera una rivalidad tan acérrima entre los equipos de esa ciudad santafesina.

Después de esa vez me costó mucho tiempo para que Elvio entablara un diálogo conmigo. La primera oportunidad que tuve fue a raíz de una nota que presenté sobre Langston Hughes, en la que hablaba del viaje que hizo el poeta afronorteamericano a España en 1937 durante la guerra civil y de cómo conoció allí a Rafael Alberti, a Ernest Hemingway y a Miguel Hernández, entre muchos otros seres legendarios. Elvio fue el encargado de leer y editar mi nota. Una tarde me llamó y me dijo que debía hacerle cambios. Lo mismo hizo con una nota que escribí sobre Bukowski. Eso se lo agradeceré siempre, porque de alguna manera ayudó a que mejorara mi estilo.



Elvio me señaló una mesa en el living. Dejé mi mochila en el piso y me senté, como alumno obediente, en una silla contra la pared. Me sorprendí al notar que una de las patas era muy delgada. La había dejado así su gato, que se afilaba en ella, me dijo con tristeza, recordando al felino. Pero me aseguró que la pata no se quebraría. Sonrío y me ofreció café y acepté con gusto, pensando en lo útil que es esa infusión maldita, elixir de los maestros sufíes.

Un momento después, trajo el café y se sentó de espaldas a la ventana que daba a la calle. Por ella entraba el viento fresco y un resplandor bárbaro que me hacía entrecerrar los ojos. Durante un buen rato tuve que soportar conversar con él en esas condiciones. Elvio quedaba a contraluz mientras de fondo veía pasar los nubarrones blancos, más de una tarde de otoño que de fines de noviembre.



Le pregunté si podía grabar la charla y al igual que en nuestra conversación hace unos meses, en el bar, me dijo que no habíamos arreglado ese encuentro para una entrevista. Además, me aclaró, no estaba dando entrevistas porque estaba muy cerca en el tiempo su despido del diario. Insistí en que, como ya había entrevistado a sus dos amigos, Pablo Capanna y Marcial Souto, de los tres mosqueteros me faltaba él, pero no hubo chance. Guardé la grabadora digital para dejarlo tranquilo y le pregunté sobre cómo había pasado durante la entrega de los premios de literatura en Argentina. Elvio había sacado el tercer premio por su libro “Cada vez más cerca” y eso lo ponía muy contento.



Mientras asentía, me dije que tenía que estar atento y guardar en la memoria la conversación. Algo así me esperaba y estaba listo para emular al periodista y escritor ruso Vasili Grossman, entrevistando en el frente al más infalible francotirador del Ejército Rojo y sin sacar ni un solo apunte.

Mi café se había enfriado y Elvio se levantó a buscarse un poco de refresco, dejándome solo un momento. No confiando demasiado en mi memoria, tomé entonces una libreta de mi mochila y escribí palabras sueltas en columna: globo de papel, nubes, Kirchner, fotos, Olmedo, perchero, luz amarilla, “sin señal” y Film Guide. Elvio regresó de la cocina y yo me apuré a guardar la libreta. Mi ayuda memoria estaba lista.

Había anotado lo que veía en el living: el globo de papel que con una luz amarilla dentro se bamboleaba nervioso por el viento que entraba por la ventana; las nubes que, grises y amarillas pasaban veloces hacia el norte; un cuadro con una lámina del pintor expresionista alemán Ernst Kirchner, muy apagada por el tiempo y el contraluz; fotos familiares en un estante; una imagen del cómico Alberto Olmedo, rosarino y “canalla”; el perchero, cerca de la entrada, como un árbol pelado esperando enganchar algún trapo al vuelo; la luz amarilla de las bombitas incandescentes; el cartelito de “sin señal” que aparecía en la pantalla del televisor, indicando que tal vez mi llegada interrumpió alguna película y por fin, Film Guide, el título del grueso volumen de cine que me recibió con una guiñada desde la mesa ratona.



Le dije a Gandolfo que había visto una foto en Internet, en la que aparecen él, su madre Evelina, con su hija Laura, apenas una bebé, y su padre Francisco. Su madre aparece sentada en el suelo con la niña en la falda y Elvio y su padre están en cuclillas, apoyados contra la pared. La foto en blanco y negro deja entrever la luz tibia del otoño del sur. Debe ser del setenta y tres, en Rosario. También, le digo que me gustó la onda que tenía él, en esa foto y que me hizo acordar a Pedro Dalton, el cantante de la banda de rock Buenos Muchachos. Se rió ante la ocurrencia y me dijo que no sabía quién era Dalton. Contesté con una mueca generacional.

—Ahí está esa foto— señaló la repisa. —Y está enmarcada en rojo y negro, los colores de Newell’s Old Boys— dijo, burlón.

Evitando entrar en el debate futbolero, sonreí y le pedí que me mostrara su último libro de poesía. Se levantó de su silla y fue hasta la biblioteca y sacó un libro rojo.

—Es grueso— me dijo, orgulloso.

Ojeo el libro, paso sus hojas, pero no me animo a leer ni un verso. Elvio me miró en silencio. No me sentí capaz de leer unos versos al azar y decirle mi opinión. Se lo regresé diciéndole que me gustó, que lo felicitaba.

Afuera la luz se volvía más anaranjada, mientras con Elvio charlábamos de su experiencia en la televisión uruguaya. Me contó que el programa “Los libros y el viento”, que había grabado para TV Ciudad, “lo pasaron durante años” después de que terminara el ciclo. Agregó que estuvo bueno hacerlo pero que no vio un peso por las retransmisiones.



Le conté que había estado leyendo “Días de ocio en la Patagonia”, de William Henry Hudson, y que había quedado fascinado con las historias que cuenta sobre la zona de la desembocadura del río Negro.

—¡Me encanta Hudson!— exclamó, poniéndose de pie y yendo hasta la biblioteca. —Esta es la edición que sacó Banda Oriental— me enseñó.

Le conté que mi libro de “Días de ocio…” era de la editorial El Elefante Blanco.

—¡Ah, esa cerró!— se lamentó.

Me hizo comentarios de cómo las pequeñas editoriales se la juegan por autores que a veces no consiguen vender muchos libros y se funden. Contó que un editor amigo lo llamó para que le comentara uno de sus libros, porque no había vendido casi ninguno y tenía la casa llena de ellos.

—Igual prefiero publicar con esas; las grandes editoriales andan en cualquiera— dijo, tajante.

Su último libro lo sacó con una editorial pequeña, contó.

Nos quedamos en silencio un instante y ya me la vi venir.

—Bueno, tengo que ponerme a trabajar— dijo, sonriendo.

Le pregunté si no quería ir a comer una pizza al bar, como habíamos quedado al principio, pero con amabilidad dijo que no, que ese día ya había tenido la visita de Silvio Galizzi, “el vampiro Vlad Tepes”, y que, según Elvio, este amigo suyo, guionista y periodista, venía de jugar un campeonato de truco.

Guardé las cosas en la mochila y le pedí para pasar al baño. Con las ganas que tenía, seguro no llegaba a casa sin hacerme encima. Me dijo que el baño estaba al fondo del corredor, a la izquierda. En la penumbra pude reconocer la cocina, así como algunas bibliotecas más, llenas de novelas policiales, hasta que encontré el baño. Este tenía la ventana abierta, muy amplia, desde donde se veía una gran panorámica de la zona portuaria y los edificios de Avenida Libertador. Saqué el celular y tomé tres fotos del paisaje urbano. Las grúas del puerto y las cúpulas de las iglesias destacaban del uniforme color gris del cemento.


Puesta de sol desde la casa de Elvio. 
Foto: Laura Gandolfo.


Cuando salí del baño, Elvio me estaba esperando al final del corredor.

—¡Qué buen apartamento que tenés!— le dije.

—Que alquilo— me respondió con sorna.

Me acerqué a él y le enseñé las fotos en la pantalla del teléfono. Comentamos la buena ubicación que tiene el edificio y que está en un lugar elevado. Se acercó a la ventana abierta del living y me contó que unos días atrás hubo un temporal y el agua le entró por el marco. Me indicó con la mano donde aún estaba húmeda la pared. Le comenté que debió ser el mismo chaparrón que nos dejó varados a Polleri y a mí.

Bajamos por el ascensor y al abrir la puerta de calle se despidió con un “nos vemos”. Pensé que cuándo sería eso, pero reprimí mi ansiedad y me dije, alzando los hombros, que no importaba. Ya nos veríamos de nuevo. Lo abracé y le deseé que estuviera bien.

Caminé un par de pasos y saqué el buzo de la mochila. “Refrescó”, pensé.

Las luces de Fernández Crespo ya estaban encendidas. Un ómnibus amarillo paró en la esquina y la gente bajó apurada. Agarré Tristán Narvaja y me fui calle abajo, pensando que, como Vasili Grossman, no debía demorar mucho en escribir sobre este encuentro, antes de que llegara una nueva ola a dejar su marca en la orilla de mi memoria.






Esta visita que le hice a Elvio Gandolfo fue un 20 de noviembre de 2014.






En el Taller de Jar se encuentra el índice de las notas publicadas en El País Cultural.



Gracias por leer.




 Si alguna persona desea republicar este material en Internet, por favor, antes de hacerlo comuníquese conmigo y solicite permiso escribiéndome a hiperjar4@gmail.com
Gracias.





Copyright ®  Daniel Veloso Mozzo 2026








lunes, 20 de julio de 2026

Dentro de La máquina de pensar

  

 

Entre 2010 y 2018 fui invitado varias veces a participar en el programa radial La máquina de pensar para hablar de un tema sobre el que había escrito, sobre mi libro de poemas,  acompañando a amigos o para sacar fotos a los entrevistados. Acá están reunidas esas participaciones con los enlaces a los audios de esos programas. Mi agradecimiento a su conductor, Pablo Silva Olazábal, por haberme invitado. También, mi agradecimiento a Gustavo “Flaco” Germán, quien fuera tanto operador de la radio como productor del programa durante esos años. 

La máquina de pensar es un programa de divulgación cultural conducido por el periodista y escritor Pablo Silva Olazábal, que se emite desde 2010 por Radio Uruguay 1050 AM y 94.7 FM, de lunes a jueves, de 21:30 a 22:30 horas.

 

lustración de Joe Petagno para The Silver Locusts (Las langostas de plata) título de la edición inglesa de Crónicas Marcianas de Ray Bradbury.

 

Física de lo imposible

Jueves 20 de mayo de 2010

A raíz de un artículo que publiqué en el El País Cultural sobre el libro Física de lo imposible, del divulgador científico Michio Kaku, fui invitado por Pablo Silva a hablar sobre el tema en su programa.

Ese noche fría de mayo caminé desde el apartamento en el que vivía en Ciudad Vieja, en la calle Buenos Aires, hasta la radio, sobre la peatonal Sarandí. Una vez dentro del edificio donde funcionan las radios públicas, caminé por un largo pasillo hasta que encontré la cabina donde se haría el programa.

Los jueves La máquina de pensar contaba con la participación del escritor Rodolfo Santullo, que hacía su columna Más allá de la viñeta. Esa noche habló sobre el cómic antibélico “La guerra de las trincheras” de Jacques Tardi.

También estuvo como invitado el escritor Hugo de los Campos que habló sobre su libro “El océano primordial y otros cuentos”.




Ver el anuncio de ese programa en el blog de La máquina de pensar...

 

Audio del programa...


Ver la nota sobre el libro de Michi Kaku en el blog El taller de Jar…

  

 

George Orwell

Jueves 25 de noviembre de 2010

Esa noche acompañé al crítico y poeta Juan Di Marsilio para hablar sobre las novelas de Orwell Rebelión en la granja y 1984. Compartimos espacio con el escritor Ramiro Sanchiz.

En esa oportunidad, el Flaco Germán me había escrito un mail contándome que estaban armando un programa sobre George Orwell y si quería participar.

Después, me escribiría el Flaco diciéndome que había olvidado colocar mi nombre en la presentación del programa, pero no me hice problema.

En el estudio de la radio conocí a Di Marsilio, que aceptó de buena gana que compartiera el espacio con él, aunque me apareciera de repente, en la radio, como un polizón, porque creo que no estaba avisado de que yo también iba a participar. Pero hicimos buena equipo, al que se sumó Sanchís, para charlar sobre el viejo George Orwell.


George Orwell y su hijo Richard Horatio.

Ver el anuncio de ese programa en el blog de La máquina de pensar...


Artículo que escribí sobre Orwell publicado en Brecha …


Escuchar el audio de ese programa de La máquina de pensar…

(Enlace para descargar el audio del programa desde Drive)


 



Rolando Faget 

Jueves 13 de junio de 2013 

En esa emisión, Pablo Silva entrevistó a Martín Erniaga, amigo del poeta Rolando Faget (1941 - 2009), sobre la militancia que compartió con Faget en el Movimiento Pregón, que lideraba Alba Roballo. 

Después, Pablo conversó conmigo sobre cómo conocí al poeta homenajeado, y donde conté las dos entrevistas que le realicé en 1994. También, pasaron al aire fragmentos del audio de esa entrevista. 

En junio de 2013 la nota que había escrito sobre Faget aún estaba inédita, pero finalmente fue publicada en El País Cultural en noviembre de ese año. 



Escuchar el audio de ese programa de La máquina de pensar…


Ver el anuncio de ese programa en el blog de La máquina de pensar..

 

Ver la nota sobre Rolando Faget en el Taller de Jar II 

 

 

Mariana Picart, Luis Bravo y María Noel Langone. Foto: Daniel Veloso.

 

El Roce de las Voces 

Lunes 1 de setiembre de 2014 

La antepenúltima vez que visité el programa de Pablo Silva Olazábal fue en compañía del poeta Luis Bravo y de las artistas de perfomance María Noel Langone y quien fuera mi pareja, Mariana Picart (1973 – 2021). Ellos habían participado de una edición del encuentro de performance “p ALA br A E n cEn d id A” (Vol. XII de la serie Open Field), en Buenos Aires, en el espacio Peras de Olmo – Ars Continua, organizado por la performer argentina Graciela Ovejero Postigo.

 

Foto: Daniel Veloso.


Esa tarde, en un estudio contiguo, grabamos a cuatro voces un texto de Luis Bravo, El roce de las voces, que luego sería transmitido en el programa de esa noche.

 

Foto: Daniel Veloso.

Escuchar El roce de las voces:

El poema está a partir del minuto 37:34.


Visitar Peras de olmo – Ars Continua…

  

El Flaco Germán. Foto: Daniel Veloso.

 


Elvio Gandolfo 

25 de febrero de 2016

En febrero de 2016 fue invitado el escritor Elvio E. Gandolfo a una entrevista en La máquina de pensar. Cuando vi el anuncio en el blog del programa le escribí al Flaco Germán pidiendo permiso para asistir a la entrevista y sacarles fotos al entrevistador, Pablo Silva, y al entrevistado, Elvio Gandolfo.

 

Elvio Gandolfo y Pablo Silva Olazábal durante la entrevista, febrero de 2016. Foto: Daniel Veloso.

 

La entrevista trató de temas como la publicación del libro Mario Levrero - Francisco Gandolfo. Correspondencia (Editorial Iván Rosado), edición al cuidado de Osvaldo Aguirre.

El libro recopila el intercambio epistolar entre el escritor uruguayo Mario Levrero y el poeta argentino Francisco Gandolfo (padre de Elvio), entre 1970 y 1986.



También hablaron de la traducción realizada por Elvio E. Gandolfo del drama Enrique V para la Obra completa de Shakespeare (tomo 3) de la colección Clásicos Penguin.


Ver el anuncio de ese programa en el blog de La máquina de pensar...


Audio del programa...

 


 

El aljibe

Miércoles 5 de diciembre de 2018 

Mi última visita a La máquina de pensar fue a fines de 2018, para hablar sobre mi libro de poesía, El aljibe y otros poemas de amor y desamor, publicado por la editorial Yaugurú.

Esa noche en el estudio también se encontraba el escritor y poeta Roberto Appratto (1950 – 2025), con su espacio de poesía “Biromes y Servilletas”, donde habló sobre la obra de Amanda Berenguer. 



El jueves 15 de noviembre de 2018, en la sala Mtro. Julio Castro de la Biblioteca Nacional, presentando El aljibe y otros poemas de amor y desamor, junto a mis grandes amigos, el músico Ariel Vidal y la docente Alicia Cuello.


Ver el anuncio de ese programa en el blog de La máquina de pensar...


Escuchar el audio de ese programa de La máquina de pensar…

(Enlace para descargar el audio del programa desde Drive)


 





Muchas gracias a mi familia y a mis amigos por haberme acompañado esa noche.



Visitar el blog de La máquina de pensar...




En El taller de Jar se encuentran las notas
 publicadas en El País Cultural y en la revista Relaciones, además de un índice.


Gracias por leer. 




Copyright ®  Daniel Veloso Mozzo 2026


 

 

 

 


viernes, 22 de mayo de 2026

Poema La clase de cosmología en Another Chicago Magazine

 

Lo que le hicimos al cielo, de Patty Paine


La revista literaria Another Chicago Magazine publicó en marzo de 2025 mi poema La clase de cosmología, traducido al inglés por la poeta y traductora Jeannine Marie Pitas.


La clase de cosmología remite a mi experiencia durante el curso Bases de Astrofísica y Cosmología que realicé en 2007 en el Planetario Municipal Agrimensor Germán Barbato, en Montevideo, de setiembre a diciembre de 2007. El profesor que dictó aquel curso fue Alejandro Castelar.

Para quienes no conocen Montevideo, el planetario se encuentra dentro del predio de lo que fue el zoológico Villa Dolores, hoy reconvertido en un parque.


Planetario de Montevideo. Busto de Yuri Gagarin. (Foto del autor; febrero de 2026)


Another Chicago Magazine (ACM) es una revista literaria independiente fundada en Chicago en 1977, que a partir de 2017 se convirtió en revista electrónica. Actualmente, mantiene su sede en esa ciudad, subiendo nuevos contenidos dos veces por semana.

Publica obras escritas en inglés y también traducciones junto con los idiomas originales, como francés, turco, serbio, catalán, kannada, mapuche/huilliche, italiano, latín, español, búlgaro, yiddish, árabe, chino y otros.

Además, publica reseñas de libros políticos y entrevistas con activistas y artistas.

A su vez, Another Chicago Magazine mantiene una política de apoyo a las pequeñas editoriales independientes, reseñando sus libros.


Leer La clase de cosmología en el sitio de ACM…

Ir al sitio web de Another Chicago Magazine…


Jeannine Marie Pitas es traductora o cotraductora de doce libros de poesía, el más reciente de ellos es A Sea at Dawn (Eulalia Books, 2023), de la poeta uruguaya Silvia Guerra, traducido junto con Jesse Lee Kercheval. Es autora de dos poemarios, el más reciente es Or/And (Paraclete Press, 2023). Reside en Pittsburgh y es profesora en el Saint Vincent College.

La ilustración que acompaña el poema es de la poeta y artista visual Patty Paine. Ella es autora de Grief & Other Animals, The Sounding Machine, entre otras obras. Sus escritos y obras visuales han aparecido en Blackbird, The Denver Quarterly, Gulf Stream, Waxwing, Analog Forever, Lomography, The South Dakota Review y otras publicaciones. Es la editora fundadora de Diode Poetry Journal y Diode Editions, y directora de Artes Liberales y Ciencias en VCUarts Qatar. 


El poema La clase de cosmología fue presentado en el “Crear se puede” de setiembre de 2022, actividad organizada por el poeta Luis Maya.


Villa Dolores la noche de la lectura en el Crear se puede.


En esa oportunidad el “Crear se puede” se realizó en el exzoológico Villa Dolores de Montevideo, en coordinación con el poeta Gabriel Weiss, en el edificio donde por muchos años funcionó una sala de espejos donde el público podía ver su imagen distorsionada. 



Cuando fui invitado a leer en el Crear se puede se me ocurrió la idea de escribir un poema sobre aquel curso de cosmología que hice en el Planetario y de lo que en él aprendí, además de un pequeño gran misterio que conseguí develar.



Durante la lectura del poema tuve la fortuna de ser acompañado por el músico Ariel Vidal y su guitarra.

 




En El taller de Jar se encuentran las notas
 publicadas en El País Cultural y en la revista Relaciones, además de un índice.


Gracias por leer. 




Copyright ®  Daniel Veloso Mozzo 2026





miércoles, 22 de abril de 2026

Poemas publicados en Altazor


En 2022, a instancias de mi amigo, el poeta y escritor chileno, José Francisco “Pancho” Robles, la revista en línea Altazor publicó cinco de mis poemas.

Altazor fue una revista electrónica de literatura de la Fundación Vicente Huidobro, editada por el poeta chileno Mario Meléndez (Linares, 1971), que a partir de 2019 difundió los trabajos de poetas de Latinoamérica así como de otras regiones del mundo.

La revista digital llevó el nombre de la obra más importante de Vicente Huidobro, Altazor o el viaje en paracaídas, publicada en Madrid en 1931.

Vicente Huidobro (Santiago de Chile, 10 de enero de 1893 – Cartagena, Valparaíso, 2 de enero de 1948), fue un poeta chileno, iniciador del movimiento de vanguardia conocido como creacionismo.


Tordos sobre una antena. Ciudad Vieja, abril de 2026. Foto del autor.


Cuatro de los poemas publicados por Altazor provienen del poemario El aljibe y otros poemas de amor y desamor (Yaugurú, 2018), más un poema inédito, Así espero los sueños, de 2021.


Los poemas publicados fueron:

El aljibe

Recuerdos del Batoví

De gurí escribía todo el tiempo

En el monte marino

Así espero los sueños


Puesta del sol. Ciudad Vieja, abril de 2026. Foto del autor.



Actualmente, el exeditor de Altazor, Mario Meléndez, dirige la revista electrónica Tres orillas.

Ir a la revista Tres orillas…

Ver entrevista realizada a Mario Meléndez por la Fundación Pablo Neruda…



Ir a El Taller de Jar (primera época)


En El taller de Jar se encuentran las notas
 publicadas en El País Cultural y en la revista Relaciones, además de un índice.

Gracias por leer. 



Copyright ®  Daniel Veloso Mozzo 2026







martes, 12 de octubre de 2021

Historia de una amistad

 


Luce Fabbri y Margareth Rago


El País Cultural (versión digital)

Viernes 27 de junio de 2014


Biografía de una amistad


Daniel Veloso


MARGARETH RAGO es una historiadora brasileña de la Universidad Estadual de Campinas, San Pablo, que ha escrito varios libros inspirados en las ideas del filósofo francés Michel Foucault, en los que aborda temas como la historia de la prostitución en la ciudad de San Pablo, las mujeres anarquistas o el movimiento feminista. Rago es además la autora de la biografía de la pensadora italiana Luce Fabbri de Cressatti (1908 - 2000), titulado Entre la historia y la libertad: Luce Fabbri y el anarquismo contemporáneo, editada en 2002 por Editorial Nordan-Comunidad.

Luce Fabbri y su familia encontraron refugio en Uruguay en 1929, huyendo de la persecución del régimen fascista de Benito Mussolini. Su padre, Luigi Fabbri, quien murió en Montevideo en 1935, fue uno de los más importantes pensadores anarquistas de su época. En Uruguay Luce se dedicó a la docencia, llegando a ocupar la Cátedra de Literatura Italiana en la Universidad de la República. De incesante producción intelectual, publicó varios libros, dirigió la revista Studi Sociali de 1935 a 1945, escribió decenas de artículos y fue fundadora de la revista Opción Libertaria.

Para escribir su libro, la historiadora Margaret Rago frecuentó a Luce Fabbri durante cinco años. De esa convivencia no sólo surgió una historia de vida, lucha y sacrificio, sino también una gran amistad entre ambas mujeres.

ANARQUISTA Y MUJER. En Montevideo, en un bar de Comercio y Ocho de Octubre, cerca de la calle Rousseau, donde vivió por muchos años Luce Fabbri, pregunto a Margareth Rago cómo conoció a la pensadora italiana y porqué, como historiadora, eligió estudiar a las mujeres anarquistas. "La conocí en 1992", en Brasil, “en un evento que se llamaba 'Pensamiento libertario internacional', en la Pontificia Universidad Católica de San Pablo, una universidad con una historia de resistencia política muy fuerte a la dictadura militar. En ese evento había gente de Uruguay, Argentina, Francia, Italia, España y Estados Unidos”.

Fiesta de cumpleaños de Luce Fabbri, 25 de julio de 1998.

Rago había sido invitada a integrar una mesa redonda para hablar sobre las mujeres anarquistas. Relata que cuando estaba hablando, “entre el público estaba una señora de ochenta y cuatro años que asentía lo que yo iba diciendo. Era Luce Fabbri que me estaba escuchando, pero yo no lo sabía”. Cuando terminó la charla unos amigos le dijeron que esa señora era Luce Fabbri, de Uruguay. “Qué vergüenza que sentí”, recuerda. Se acercó hasta Luce y le dijo: “yo debería estar escuchándola y no al revés”. Le preguntó a Luce si podía escribir su biografía, a lo que la pensadora italiana contestó: “No, yo no soy importante”. Sin embargo Rago consiguió convencerla y a partir de 1995 viajó todos los años a Montevideo para trabajar en la biografía.

Luce Fabbri, en el centro de la fotografía, junto a unas amigas, en una visita al estado de Río Janeiro, Brasil, 1946.

Luce Fabbri en Mangaritiba, Río de Janeiro, enero de 1946.

La historiadora brasileña se quedaba en su casa: “así empezamos más que un trabajo científico una gran amistad; pero fueron necesarios muchos años ya que se necesita tiempo para hacer una biografía, porque las personas no te abren las puertas tan fácil. Simbólicamente yo llegué a su habitación en el cuarto año, al final del trabajo. Allí Luce abrió gavetas con cartas y descubrí que escribía poemas. Hacía años que la conocía y recién ahí me habló de su poesía. Creo que si me hubiera quedado más tiempo hubiera descubierto más cosas”, dice Rago.

Encuentro en el aeropuerto de San Pablo, en 1946, de Luce Fabbri con el anarquista brasileño Edgar Leuenroth. A la derecha de la fotografía se encuentra el anarquista y activista antifascista italiano Gino Bibbi.

FOUCAULT EN LA SANGRE. En su libro Entre la historia y la libertad cuenta la importancia que tuvo para ella descubrir al filósofo francés Michel Foucault a principios de los setenta y como ello le llevó a cambiar su mirada sobre la historia. Pregunto si el libro sobre Luce está basado en esas ideas y si está relacionado con la elección de escribir sobre ella también. “Sí, todos mis libros y también el de Luce”. En parte ello se debe a la gran influencia que tiene el filósofo en Brasil. “Los franceses no comprenden porque tiene tanto éxito en mi país”, dice. Explica que a comienzos de los setenta “había terminado de estudiar historia y me encontraba perdida, porque en esa disciplina tú trabajas con muchos documentos ¿Pero qué haces con ellos? ¿Cómo los organizas? ¿Cómo estructuras una narrativa?”. Entonces se decidió a estudiar filosofía en la Universidad de San Pablo.



“En ese momento encontré a Foucault; claro, no lo encontré en las clases, lo encontré entre los estudiantes, en algunos profesores, y de una manera marginal”. Foucault, que dio clases en Brasil en seis oportunidades, estaba empezando a ser conocido en ese país. “Nosotros lo descubrimos pero no sólo en Brasil, en todo el mundo, por su teoría del poder. Él decía que el poder no es algo que está allá y nosotros acá, sino que está diseminado por la sociedad. Por ejemplo, el Estado es posible porque las redes de poder, que están debajo, lo sustentan”, explica.


Para la historiadora, que empezaba a estudiar el anarquismo, fue fundamental, porque “el foco del anarquismo (lo que las nuevas generaciones olvidan) es la transformación cotidiana del poder; es la creencia de que es posible que entre las personas no haya poder”, afirma.¿Qué elementos teóricos tomó de Michel Foucault?: “Creo que nos dio las claves analíticas para pensar la cuestión del poder, pero también nos dio muchas otras, por ejemplo su concepción de la historia es muy diferente. Foucault cuestionó la idea de que se puede mirar el pasado como una línea recta y que es importante pensar la ruptura. La historia está hecha mucho más de ruptura que de continuidad”. La historiadora dice que el filósofo francés mostró “que tendríamos que ver a la antigüedad con otra mirada, porque no hay una continuidad con lo que somos”. Estos elementos, explica, “me parecieron una clave importante para leer la historia de Luce Fabbri”.

El escritor e historiador español Abel Paz y Luce Fabbri.

CRUCE DE CAMINOS. La historiadora comenzó su trabajo en 1995 y terminó en 2000 con la publicación del libro Entre la historia y la libertad. Tuvo la suerte de que casi todo el material bibliográfico estaba en poder de su biografiada. “En la casa de Luce había muchos libros y muchos textos para catalogar; fue un trabajo enorme, pero finalmente toda esa información está en el libro. Además tuve que transcribir cuatrocientas páginas de entrevistas”.

Margareth Rago y el anarquista uruguayo Ruben Prieto, en la casa de Luce Fabbri.

En su libro describe a Luce Fabbri como una mujer con una participación política constante. Pregunto si eso lo heredó de su padre y de Errico Malatesta, el pensador anarquista italiano que fue como un abuelo para ella. “Era muy apegada a su padre y como vivió en ese medio se volvió militante. También creo que la cuestión de la huida del fascismo reforzó los vínculos familiares y por otro lado las condiciones históricas empujaron a la familia hacia una resistencia más activa. A eso se sumó que Luce tenía una formación intelectual muy sólida. Ella había estudiado en los años veinte en la Universidad de Bolonia”, señala.

Marina, hija de Margareth Rago, junto a Luce Fabbri.

Margareth Rago sostiene que en la pensadora italiana ella encontró “una abuela y además una abuela italiana. Luce por su parte encontró a la nieta ideológica; fue un encuentro. Hay una palabra que define esto, "serendipity", que significa encuentro, conjunción de fuerzas que hacen un proceso creativo”.


Pregunto si piensa escribir algún libro más sobre Luce Fabbri: “No, no creo que tenga energía para escribir más; ya reuní todas sus obras, ya hice ese trabajo. Pero todavía se puede hacer mucho más; pienso que apenas empecé”, afirma. Agrega que Luce Fabbri “me transmitió una experiencia, una cultura, una práctica política y sus reflexiones. Pienso que otros tienen que continuar, porque para mí es un poco doloroso, porque fue una relación viva”, concluye la historiadora.




Agradezco especialmente a la profesora Margareth Rago por facilitarme fotografías de su archivo personal para ilustrar esta nota.


Algunas imágenes fueron obtenidas del sitio de la




Leer la versión larga de esta misma nota
Historia de una amistad - Luce Fabbri y Margareth Rago 
publicada en mayo de 2014 en la revista Relaciones.

La nota está publicada en el blog El taller de Jar.




Leer la nota publicada en el semanario Brecha
el 24 de agosto de 2001,
La última entrevista con Luce Fabbri
"El anarquismo es una afirmación de libertad"
escrita en coautoría con Tatiana Veljacic.

La nota también está publicada en el blog El taller de Jar.




 



En El taller de Jar se encuentran las notas
 publicadas en El País Cultural, además de un índice.


Gracias por leer. 


Copyright ®  Daniel Veloso Mozzo 2021